Esta vez la culpa probablemente no haya sido suya, sino de su gran aliado del norte, Donald Trump, que habló durante más de una hora y media, desbordando ampliamente sobre el tiempo en que Javier Milei debía intervenir en el Foro Económico Mundial (WEF). En todo caso, la sala de conferencias estuvo más vacía que nunca. Apenas un centenar de personas, además de su comitiva, escucharon a Javier Milei declamar por tercer año consecutivo y en tono doctoral su credo absoluto en defensa de la iniciativa privada.
“Los Estados deben dejar de fastidiar a quienes están creando un mundo mejor. Regular mata el crecimiento”, resumió después de media hora de conferencia, donde repasó, como en años anteriores, la historia económica del mundo.
Es verdad que, sin embargo —y tal vez fortalecido por el buen recibimiento que le dieron los empresarios internacionales por la mañana—, que el presidente se mostró mucho más mesurado que en 2024 y 2025, cuando provocó asombro e incluso indignación con sus ataques demoledores contra Europa, en casa de europeos. Elegante, vestido con un traje azul oscuro y una corbata color azul Francia. Prolijamente peinado, con unas patillas “a lo general de San Martín”, Milei apareció mucho más sereno que en ocasiones anteriores.
Pero no hay que exagerar. El presidente argentino, aun moderado, sigue siendo igual a sí mismo. Misma pasión por la provocación, mismas ideas fijas contra lo que él llama “wokismo”. O sea, contra todo lo que no coincide con lo que él mismo piensa. Misma costumbre de poner todas las corrientes políticas en la misma bolsa: socialistas, centro-derecha, conservadores, comunistas y, sobre todo, progresistas, que a sus ojos son “el cáncer de la civilización occidental”. Y, sobre todo, la misma asombrosa incapacidad para entender a Europa, un mundo en el que nunca vivió y que está sentado sobre más de 2000 años de historia. De allí su apego al diálogo y la tolerancia.
El gran desafío de este año era la posibilidad de que el presidente se acomodara con el lema del Foro Económico Mundial (WEF) de 2026: el diálogo. Sin embargo, como en años anteriores, Milei —aunque moderado en sus modos— faltó a la cita. Para alguien que no tiene hábito de verlo con frecuencia y que vive en el universo europeo, la tolerancia —valor supremo de Europa— no parece estar en el ADN del mandatario argentino.
Así, en su habitual referencia bíblica a las plagas de Egipto, insistió: “La analogía con lo que ocurre hoy en Occidente —el Occidente tal como lo concibe Europa, naturalmente— es tremendamente clara”, dijo insistiendo en la “degradación ética y moral” de esta región del mundo.
Y Mile insistió: “Sigo afirmando que Occidente está en peligro. Pero les traigo una buena noticia: el mundo ha comenzado a despertar. América será el faro de luz que rescatará a todo Occidente”, anunció.
Buen amigo y, sobre todo, buen aliado, en ese elogio velado a Trump, el presidente argentino omitió aludir a la intervención catastrófica de su homólogo norteamericano, que este miércoles provocó la consternación del planeta, presente en Davos, a través de miles de delegados, empresarios, docentes y periodistas, cuando, en un acto de verborragia, dio un espectáculo de lo que —a juicio de Milei— podría ser esa América que salvará a Occidente.
Tampoco faltó en su discurso el capítulo sobre los logros de su gobierno, una actitud perfectamente legítima para cualquier dirigente. Y el reconocimiento al trabajo de sus ministros: Federico Stutzenegger, “con quien ya hemos realizado 13.500 reformas”; y a Sandra Petovello, gracias a la cual “en vez de pescado, estamos enseñando a los discapacitados a pescar”.
Al término de su intervención, no había demasiada gente para entrevistar. Tampoco hubo preguntas por parte de la directora para America Latina del WEF, Marisol Argueta.
“Digamos que, para cambiar un país que hizo default nueve veces en su historia, la tolerancia y el diálogo no parecen ser los instrumentos más adecuados”, justificó ante LA NACION Johan Beller, gran empresario holandés con simpatías en la extrema derecha.
Es probable. Pero, para Europa, azotada por el “fenómeno Trump”, es difícil entender que alguien, representante de un país fundado y construido por europeos, viaje por tercer año consecutivo a decirle a los herederos de todos esos pensadores que Javier Milei no cesa de invocar en sus reflexiones: “Europa no va en la buena dirección”, como afirmó hoy su aliado estadounidense.
