Las fuertes tormentas que se registraron en distintos puntos de la provincia de La Rioja en las últimas semanas no fueron un fenómeno aislado ni inesperado. Especialistas en clima y ambiente advierten que estos eventos extremos forman parte de una tendencia que se viene intensificando en las últimas décadas y que está directamente vinculada al cambio climático, con consecuencias cada vez más visibles en la región.
Durante el último mes se registraron lluvias intensas en cortos períodos de tiempo, con gran cantidad de agua caída en pocos minutos, un comportamiento típico de las tormentas severas. A este escenario se sumaron temperaturas elevadas, que generaron las condiciones propicias para episodios de alta inestabilidad atmosférica, con impacto en zonas urbanas y rurales de la provincia.
Este tipo de fenómenos es objeto de estudio por parte de científicos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), quienes desde hace años vienen advirtiendo sobre la necesidad de incorporar estas variables en las políticas de ordenamiento territorial y planificación ambiental, una deuda pendiente que cobra mayor relevancia en provincias con características áridas como La Rioja.
Juan Rivera, investigador del Conicet y doctor en Ciencias de la Atmósfera, explicó que el aumento en la frecuencia de precipitaciones extremas tiene una relación directa con el calentamiento global.
“El cambio climático favorece que la atmósfera contenga mayor cantidad de vapor de agua disponible, lo que incrementa la probabilidad de tormentas severas en contextos de inestabilidad. Estos eventos tienden a repetirse y a intensificarse”, señaló el especialista.
De acuerdo con los especialistas, muchos de estos episodios cuentan con pronósticos y alertas previas emitidas por el Servicio Meteorológico Nacional. Sin embargo, el impacto final suele verse agravado por la falta de obras de infraestructura, planificación urbana y sistemas de prevención acordes a la magnitud de los eventos.
Las consecuencias se reflejan en calles anegadas, desbordes de cauces secos, daños en viviendas y pérdidas materiales, situaciones que afectan principalmente a los sectores más vulnerables de la población. Además, el estancamiento de agua y el arrastre de residuos incrementan el riesgo sanitario posterior a cada tormenta.
Desde el ámbito científico insisten en la importancia de avanzar en políticas públicas que contemplen el ordenamiento territorial y la protección de barreras naturales frente a aluviones y crecientes repentinas, un fenómeno recurrente en distintas localidades riojanas.
Rivera recordó que existen estudios y publicaciones elaboradas en el marco del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático que advierten sobre estos riesgos y brindan herramientas para la toma de decisiones.
“La información científica está disponible. El desafío es que se traduzca en políticas concretas que reduzcan la vulnerabilidad de la población y protejan los sistemas naturales”, remarcó.
El investigador también advirtió que este trabajo se desarrolla en un contexto complejo, marcado por el desfinanciamiento del sistema científico y el negacionismo climático, lo que dificulta la planificación de soluciones a largo plazo.
“Estos eventos extremos van a seguir ocurriendo y, probablemente, con mayor impacto si no se avanza de manera decidida en políticas de adaptación, prevención y ordenamiento territorial”, concluyó.
En La Rioja, donde la geografía y el clima potencian los efectos de lluvias intensas en cortos períodos de tiempo, el desafío es cada vez mayor. Las tormentas recientes vuelven a poner en agenda la necesidad de anticiparse a los riesgos y fortalecer la planificación ambiental para reducir el impacto de futuros eventos extremos.
