En La Rioja la bronca se grita fuerte… pero casi siempre desde el celular. La indignación aparece en redes sociales, en grupos de WhatsApp, en comentarios furiosos y publicaciones que se viralizan. Sin embargo, cuando la realidad aprieta —sueldos bajos, trabajo en negro, jubilaciones miserables, falta de justicia, abuso de poder— la protesta en la calle u otras medidas sigue siendo mínima.

¿Por qué pasa esto? ¿Es “pasividad”? ¿Es miedo? ¿O es algo más profundo?

El Federal consultó a una profesional de la psicología social, quien explicó que el fenómeno no se trata de falta de carácter ni de indiferencia, sino de un proceso colectivo que se repite en comunidades golpeadas durante años.

“No es que la gente no vea lo que pasa. Es que siente que no puede cambiarlo”

La especialista fue contundente: lo que se observa en La Rioja es una combinación de desgaste emocional, resignación aprendida y miedo social.

“Cuando una población atraviesa por mucho tiempo situaciones injustas —salarios que no alcanzan, precarización laboral, falta de oportunidades y una sensación constante de impunidad— se genera lo que en psicología se llama indefensión aprendida. Es decir: la persona deja de actuar porque internaliza que haga lo que haga, nada cambia”, explicó.

En términos simples: la gente se acostumbra a perder antes de empezar.

Según la fuente consultada, las redes sociales funcionan como una especie de válvula de escape.

“Publicar, comentar, compartir o insultar en redes produce un alivio emocional inmediato. La persona siente que hizo algo. Pero no es lo mismo que organizarse, movilizarse o exponerse físicamente”, indicó.

Y agregó un dato clave: “La protesta digital muchas veces reemplaza a la protesta real, porque descarga tensión sin consecuencias directas”.

En La Rioja, donde el Estado es uno de los principales empleadores directos e indirectos, el miedo opera como un freno silencioso.

“No siempre se dice en voz alta, pero está presente: miedo a perder el trabajo, miedo a quedar marcado, miedo a que te cierren puertas, miedo a represalias. Eso genera autocensura”, señaló.

La profesional explicó que en contextos así, muchas personas prefieren callar, incluso cuando están en condiciones precarias.

“Y no es porque no sufran. Es porque sienten que no tienen margen para exponerse”, agregó.

Uno de los puntos más delicados, y a la vez más repetidos en la sociedad riojana, es el mismo: muchos ven a políticos enriquecerse, cambiar de vida, acumular bienes y privilegios, pero casi nadie denuncia formalmente.

La psicóloga lo interpretó como parte de un fenómeno social más amplio: la naturalización de la impunidad.

“Cuando una sociedad percibe que la Justicia no actúa, que las denuncias no avanzan o que el poder se protege a sí mismo, aparece un pensamiento colectivo: ‘¿para qué voy a denunciar si no pasa nada?’”, explicó. Y agregó: “En ese escenario, denunciar no se vive como un acto de valentía, sino como un riesgo personal”.

Otro punto que destacó la especialista es la normalización de la precariedad.

“Cuando se vive años con bajos sueldos, empleo informal y servicios deficientes, la injusticia se vuelve parte del paisaje. Se instala la idea de que ‘siempre fue así’. Y eso mata la reacción social”, indicó

Según su mirada, la resignación funciona como una defensa: si la persona se permite sentir toda la injusticia de golpe, se rompe. Entonces se adapta. Para que exista protesta real, tiene que existir algo básico: confianza colectiva.

“En La Rioja hay una percepción muy fuerte de que la gente se queja, pero después no acompaña. Entonces nadie se expone. Porque nadie quiere quedar solo”, dijo. Esa idea genera un círculo vicioso: no hay movilización porque se cree que no habrá movilización.

La psicóloga cerró con una frase que resume el fenómeno:

“No es pasividad. Es cansancio social. Es miedo. Y es una sensación instalada de que el poder no se toca”.

En La Rioja la bronca está. La injusticia se ve. La precariedad se sufre. Pero mientras la sociedad sienta que denunciar no sirve, que protestar tiene costo y que la impunidad es permanente, la indignación seguirá siendo fuerte… aunque casi siempre se quede del lado de la pantalla.