[REDACCIÓN EL FEDERAL] Durante cada edición de La Chaya, miles de personas vuelven a sus casas con la ropa completamente cubierta de harina y, cuando llueve como en esta ocasión, con restos de engrudo. La escena se repite noche tras noche: prendas blancas, zapatillas endurecidas y mochilas pegajosas que terminan, casi de forma automática, dentro del lavarropas. Sin embargo, técnicos en reparación de electrodomésticos consultados por EL FEDERAL advierten que lavar la ropa enharinada sin un tratamiento previo puede generar daños en el equipo y acortar su vida útil.

La harina, al mezclarse con agua, se transforma en una pasta espesa que se adhiere con facilidad a las telas, pero también a las partes internas del lavarropas. Ese engrudo puede acumularse en el filtro, en las mangueras de desagote y en el tambor, provocando obstrucciones, malos olores y fallas en el drenaje. En casos más severos, los residuos se endurecen con el paso del tiempo y terminan afectando el funcionamiento del motor o de la bomba de agua, generando reparaciones costosas que podrían evitarse con un simple cuidado previo.

Según explicaron los técnicos consultados, a diferencia del polvo común, la harina tiene almidón. Cuando entra en contacto con el agua dentro del lavarropas, se gelatiniza: se vuelve pegajosa, se adhiere a superficies internas y se deposita en zonas donde el agua no circula con fuerza. Con lavados repetidos, esos restos forman una película difícil de remover que favorece la acumulación de suciedad y bacterias. El resultado no solo es un lavarropas con mal olor, sino también un sistema de desagote más lento y propenso a taparse.

Además, cuando la ropa entra al tambor con grandes cantidades de engrudo, parte de ese material se desprende en grumos que pueden terminar atrapados en el filtro o en la bomba. Esto explica las consultas por lavarropas que “no desagotan” o que quedan con agua estancada al finalizar el ciclo.

Para evitar estos problemas, especialistas recomiendan no meter la ropa enharinada directamente al lavarropas. El primer paso es sacudir las prendas en seco, preferentemente al aire libre, para desprender la mayor cantidad de harina posible. Luego, conviene realizar un remojo previo con agua fría en una pileta o balde durante al menos 30 minutos, cambiando el agua si está muy cargada de restos. Ese paso permite que el engrudo se ablande y se desprenda sin llegar al interior del electrodoméstico.

Recién después de ese enjuague inicial, la ropa puede ir al lavarropas con un lavado normal o prelavado. También se aconseja limpiar el filtro del equipo al terminar y, cada tanto, realizar un lavado en vacío para eliminar residuos internos. Son cuidados simples que reducen el riesgo de roturas y extienden la vida útil del lavarropas.