En una sesión cargada de tensión política y social, la Cámara de Diputados de la Nación Argentina aprobó la reforma laboral impulsada por el Gobierno con 135 votos a favor y 115 en contra. La votación, que se extendió hasta la madrugada del 20 de febrero, dejó definiciones claras por parte de los representantes de La Rioja, aunque también abrió interrogantes por una ausencia que no pasó desapercibida.
Por la provincia, el libertario Gino Visconti votó a favor del proyecto, alineándose con el oficialismo y aportando su respaldo a una de las leyes más discutidas del año. En la vereda opuesta, las diputadas peronistas Hilda Clelia Aguirre de Soria y Gabriela Pedrali votaron en contra, manteniendo la postura crítica que el bloque de Unión por la Patria expresó durante todo el debate parlamentario.
Sin embargo, el dato político más llamativo fue la ausencia del diputado nacional Sergio Casas. El exgobernador de La Rioja no figuró en el registro de votación y fue consignado como ausente en una sesión clave que definía el futuro de derechos laborales y regulaciones sensibles para millones de trabajadores. En un escenario donde cada voto contaba y donde su propio espacio político se manifestó abiertamente en contra del proyecto, su falta en el recinto generó sorpresa tanto dentro como fuera del ámbito legislativo.
La ausencia de Casas adquiere un peso particular por su trayectoria y por su centralidad en el esquema político riojano. No se trató de una votación menor ni de un trámite administrativo: fue una de las reformas estructurales más debatidas del período, con paro general y movilizaciones en todo el país. Que uno de los dirigentes con mayor peso institucional de la provincia no haya participado deja abiertas preguntas sobre las razones de su inasistencia, la estrategia política detrás de esa decisión o eventuales factores personales que no fueron comunicados oficialmente.
Así, mientras La Rioja quedó formalmente dividida entre un voto afirmativo y dos negativos, “la extraña ausencia” de Sergio Casas terminó convirtiéndose en el eje de las conversaciones políticas posteriores a la sesión entre sus pares. En una votación que marcó posiciones con nitidez, su silencio parlamentario fue, paradójicamente, uno de los gestos más elocuentes.
