Tras coronar de victorias legislativas las sesiones extraordinarias del Congreso, el presidente Javier Milei se presentó ante la Asamblea Legislativa con aire triunfal y con una actitud deliberadamente enardecida y combativa hacia el kirchnerismo y un empresariado “amigo del poder” kirchnerista. En este marco, focalizó su discurso en los logros de su administración frente a la herencia recibida y evitó hacer anuncios concretos para el corto plazo.
El jefe de Estado inauguró esta noche el 144° período de sesiones ordinarias en una Asamblea Legislativa que más parecía un acto proselitista autocelebratorio que un evento institucional. Su tono, agresivo y cargado de chicanas hacia el kirchnerismo –que apenas estuvo representado por un tercio de sus legisladores– marcó buena parte de las casi dos horas de su discurso. Parecía premeditado. Desde sus bancas, los opositores replicaban con gritos y gestos. Ninguno se retiró: la estrategia les era funcional a ambos.
Tras coronar de victorias legislativas las sesiones extraordinarias del Congreso, el presidente Javier Milei se presentó ante la Asamblea Legislativa con aire triunfal y con una actitud deliberadamente enardecida y combativa hacia el kirchnerismo y un empresariado “amigo del poder” kirchnerista. En este marco, focalizó su discurso en los logros de su administración frente a la herencia recibida y evitó hacer anuncios concretos para el corto plazo.
El jefe de Estado inauguró esta noche el 144° período de sesiones ordinarias en una Asamblea Legislativa que más parecía un acto proselitista autocelebratorio que un evento institucional. Su tono, agresivo y cargado de chicanas hacia el kirchnerismo –que apenas estuvo representado por un tercio de sus legisladores– marcó buena parte de las casi dos horas de su discurso. Parecía premeditado. Desde sus bancas, los opositores replicaban con gritos y gestos. Ninguno se retiró: la estrategia les era funcional a ambos.
“Manga de ladrones, ignorantes, la justicia social es un robo –arremetió el Presidente en un pasaje de su discurso–. Por eso tienen a la jefa suya presa [en alusión a Cristina Kirchner] y va a seguir presa por la causa Cuadernos, por Vialidad, por el Memorándum con Irán, porque fueron los más chorros de la historia”.
No se guardó chicana por proferir. “Kukas”, “golpistas”, “corruptos”: la seguidilla de improperios presidenciales parecía no tener fin. “Me encanta domarlos y verlos llorar”, acicateó, risueño.
Desde las galerías, sus militantes celebraban gozosos sus ocurrencias al grito de “libertad” o “tobillera”, en alusión a Cristina Kirchner. Estallaron en carcajadas cuando llamó “chilindrina troska” a Myriam Bregman, diputada de izquierda, y aplaudieron a rabiar cuando, en otro pasaje del discurso, el Presidente cargó contra los empresarios “amigos del poder” kirchnerista.
No hizo falta que mencionara nombres propios; sus alusiones a Paolo Rocca, dueño de Techint, y a Javier Madanes Quintanilla, titular de la empresa Aluar y responsable del cierre de Fate, que dejó a más de 900 trabajadores en la calle, fueron evidentes.
“Ambos [políticos y empresarios] son cómplices de la corrupción, y la mayor responsabilidad cae sobre los políticos. ¿Alguien quiere seguir con un modelo empobrecedor, donde solo ganan los políticos corruptos y los empresarios amigos del poder a costa de los argentinos de bien? Muchos políticos, cuando insultaban en público a algunos de los industriales, lo hacían para negociar una coima más alta, no para rechazarla”, espoleó.
Acto seguido se refirió a la reciente y controvertida licitación privada celebrada el año pasado por la compra de tubos de acero para el gasoducto de Vaca Muerta.
“¿Acaso les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero 4000 dólares cuando se paga 1400, y que si no se accede a dicho capricho, se amenaza con adelantar el pago de dividendos para intentar poner en jaque al mercado de cambios?”, arremetió, en presunta alusión a una reacción de la empresa Techint al no verse favorecida con la licitación.
“¿Acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caros contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle, mientras que se negocia la protección para el sector de aluminio?”, arremetió el Presidente, esta vez contra Madanes Quintanilla.
Reformas, sin detalle
El jefe de Estado hizo foco en su discurso a los logros de su gestión marcando un contraste con la herencia recibida tras doce años de gobierno kirchnerista. Exaltó, en particular, la labor del ministro de Economía, Luis Caputo; de la titular de Capital Humano, Sandra Pettovello; del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y de Patricia Bullrich, exministra de Seguridad, a quien abrazó en el atril; todo un mensaje hacia las filas libertarias.
“Hace dos años estábamos resignados a repetir siempre los mismos errores por la codicia, la impericia y cobardía de nuestros políticos de siempre”, exclamó el Presidente, quien se ufanó de haber cumplido “todas” las promesas de campaña del año pasado.
“Hemos aprobado el primer presupuesto sin déficit fiscal, libre de default, en 100 años”, enfatizó.
Pese a que los números oficiales advierten sobre la pérdida de empleo y el cierre de empresas en el último año -en lo que va de su gestión ya suman 270.000 los despidos en el sector público y privado-, Milei aseveró que “la tasa de desempleo cayó” y reivindicó la política aperturista de la economía.
“Se habla de apertura indiscriminada, mientras que, cuando se mira el coeficiente de apertura del comercio exterior, la Argentina es el país más cerrado del mundo, por lejos, para su nivel de PBI”, justificó.
En este marco exaltó puntualmente la ratificación parlamentaria del tratado Mercosur-Unión Europea y del reciente acuerdo comercial suscripto con los Estados Unidos, el cual, sin embargo, todavía no tiene fecha de envío al Congreso.
Sobre este último punto, Milei reivindicó la alianza con su par norteamericano y, en particular, destacó la ayuda económica que recibió en vísperas de las últimas elecciones legislativas, cuando el precio del dólar parecía no encontrar techo. Fue en esta instancia cuando acusó a la oposición de “golpista”.
“En un contexto golpista, tuvimos, gracias a nuestro gran acierto en materia de política exterior, un aliado clave -rememoró-. El auxilio de Donald Trump a nuestro país no fue por cuestiones económicas, sino para defendernos contra el embate desestabilizador de los representantes del antiguo régimen. Ustedes, los golpistas de siempre”.
Sobre las reformas estructurales que el Gobierno impulsaría este año, Milei se quedó en los títulos. No profundizó en ninguna de ellas, aunque mencionó que se avanzará en una reforma del Código Civil y Comercial; modificaciones en la ley de defensa del consumidor y del Código Aduanero. También anticipó que propondría una “reforma integral” del sistema electoral y del financiamiento de los partidos políticos.
“Esto constituirá el año calendario de la reforma. Nueve meses ininterrumpidos de reformas estructurales que van a rediseñar la arquitectura institucional de la nueva Argentina”, señaló.
Previo a ello, enumeró los logros legislativos de las últimas sesiones extraordinarias; entre ellos, la reforma laboral. Fue el momento que eligió para empezar sus diatribas contra el kirchnerismo.
“Es una ley que viene a terminar con un delirio sancionado hace 50 años, inspirado en ideas cavernícolas de hace 80 años, y que dejó a la mitad de los trabajadores en el mercado informal –enfatizó–. Esto es, los campeones de los derechos de los trabajadores dejaron sin ningún tipo de derecho la mitad de los trabajadores.”
Los legisladores kirchneristas reaccionaron con gritos y gestos. “¡Spagnuolo!”, replicaban, en alusión al exdirector de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) Diego Spagnuolo, investigado por la Justicia por presuntas irregularidades en las compras de la entidad y procesado.
La bala pareció entrarle al Presidente. “¡Saben que los audios son falsos, sabe que el que declaró ya dijo que era mentira, pero sigan así ustedes mintiendo a la gente”, farfulló.
Fue entonces cuando insistió en el que, a su juicio, la Argentina se encamina hacia “un cambio de época” con una guía de conducta: “la moral como política de Estado”. Una frase con la que procuró sintetizar su decisión de reabrir la grieta con el kirchnerismo.
Fuente: La Nación
