A una semana del fallecimiento de Lidia Cejas (73), su familia atraviesa días de profundo dolor, pero también de bronca e impotencia. Sus hijas denuncian que la mujer murió sin recibir la atención médica urgente que necesitaba, tras una larga espera por una ambulancia y en medio de lo que describen como fallas del sistema de salud pública.
El dramático episodio ocurrió el sábado 28 de febrero por la mañana, cuando Lidia comenzó a sentirse mal en su casa. Según relataron sus familiares, alrededor de las 7:00 se realizó el llamado al 911 para solicitar asistencia médica urgente.
Sin embargo, mientras el operador realizaba preguntas para registrar la emergencia, la ambulancia nunca llegaba.
Media hora después, cerca de las 7:30, una de sus hijas, Rossy Cortez, salió desesperada hacia la salita del barrio ubicada en 11 de Agosto y Brasilia, en el barrio Rucci, para pedir ayuda.
Entre lágrimas, gritaba pidiendo auxilio:
“¡Mi mamá! ¡Mi mamá se está muriendo! ¿Puede ir la ambulancia?”
Según el testimonio familiar, la respuesta que recibió fue que no podían acudir por protocolo.
De acuerdo con lo que explican trabajadores del sistema sanitario, los médicos de centros de atención primaria muchas veces no pueden salir a asistir emergencias fuera del establecimiento hasta que llegue una ambulancia del sistema, una normativa que, en situaciones críticas, puede resultar determinante.
A las 8:00, la familia volvió a intentar conseguir ayuda. Llamaron nuevamente a distintos organismos, entre ellos Defensa Civil, además de pedir colaboración a conocidos.
Para ese momento, aseguran, Lidia ya habría entrado en paro cardiorrespiratorio. La ambulancia seguía sin aparecer.
Finalmente, cerca de las 8:30, decidieron llamar a una empresa privada, ya que la mujer era afiliada al PAMI.
Recién alrededor de las 9:00 de la mañana llegó un médico al domicilio. Intentó realizar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP), pero ya era demasiado tarde.
“No tiene pulso”, fueron las palabras que marcaron el final de una espera desesperante.
A una semana de la muerte de su madre, sus hijas Rossy y Silvina Cortez expresaron públicamente su indignación.
“Estamos indignadas por la negligencia y el abandono que llevó a la pérdida de nuestra mamá. Exigimos justicia y que se tomen medidas para que esto no vuelva a pasar”.
La familia sostiene que el caso deja una pregunta que duele: cuántas vidas más pueden perderse por demoras, falta de ambulancias o protocolos que, en emergencias, impiden actuar con rapidez.
Mientras atraviesan el duelo, aseguran que seguirán reclamando que el caso sea investigado y que se revisen los mecanismos de respuesta del sistema sanitario.
Porque, como señalan con dolor, cuando una persona se está muriendo, cada minuto cuenta.
Fuente: Hugo Antonio Cáceres.
