Una mujer de 34 años fue asesinada durante la madrugada de este martes en la ciudad de La Rioja. Su expareja, señalado como el agresor, murió minutos después en el hospital. El caso vuelve a poner bajo la lupa el recorrido previo: denuncias por violencia de género, una exclusión del hogar, una tobillera electrónica que dejó de funcionar y un nuevo episodio de violencia apenas dos días antes del crimen.

Durante la madrugada de este martes, un hecho estremecedor sacudió al barrio Francisco I de la ciudad de La Rioja. Jessica Verónica Mercado, de 34 años, fue asesinada dentro de su vivienda presuntamente por su expareja, Justino Miguel Ángel Ruarte, quien luego se provocó graves heridas y falleció minutos después en el hospital.

Sin embargo, el caso no comenzó esta madrugada. Por el contrario, según reconstruyeron altas fuentes policiales y judiciales, existía un largo historial de intervenciones por violencia de género, denuncias previas y medidas judiciales que habían intentado contener el conflicto.

Por eso, tras el crimen, la pregunta que vuelve a aparecer es inevitable: ¿qué pasó para que una mujer que había denunciado reiteradamente a su agresor terminara asesinada?

El hecho ocurrió alrededor de la 1:15 de la madrugada en una vivienda ubicada en la zona de San Charbel y San Cristóbal, en el barrio Francisco I. Según consta en el parte policial, todo comenzó cuando una vecina escuchó golpes desesperados en la puerta de su casa. Al abrir, encontró a los tres hijos de la pareja, quienes le dijeron que su padre “había matado a su madre”.

Cuando los policías ingresaron al domicilio se encontraron con una escena dramática. De acuerdo con la reconstrucción oficial, en el interior de la vivienda había manchas de sangre en el pasillo que conducía a una habitación. Allí encontraron a Jessica Mercado tirada boca abajo en el suelo, mientras que Ruarte estaba sentado, también cubierto de sangre, con un cuchillo tipo carnicero a pocos metros.

Personal médico llegó minutos después y constató la muerte de la mujer. El hombre fue trasladado al hospital con una herida en el cuello, pero falleció poco después, alrededor de las 2:15 de la madrugada.

La causa quedó a cargo de la jueza Cecilia Córdoba, quien señaló que la principal hipótesis judicial es un femicidio seguido de suicidio. “La escena del hecho fue tremenda”, afirmó la magistrada al referirse a lo encontrado en la vivienda.

Detrás del crimen aparece un dato central: la relación entre Mercado y Ruarte ya tenía antecedentes de violencia de género registrados por la policía y la justicia. Según los registros de la comisaría tercera, el primer episodio judicial relevante ocurrió el 3 de octubre de 2024, cuando la justicia ordenó la exclusión del hogar del hombre, tras una denuncia realizada por la mujer en la unidad de violencia de género de fiscalía.

Pero ese no fue el único episodio. El 25 de diciembre de 2024, Ruarte fue detenido por desobediencia judicial, luego de que la policía lo encontrara dentro de la vivienda de Mercado, incumpliendo la restricción que le impedía acercarse.

Posteriormente, el 7 de febrero de 2025, la justicia dispuso la colocación de una pulsera electrónica de monitoreo para controlar su ubicación en el marco de un caso de violencia de género. Esa medida, sin embargo, tuvo una duración de 120 días y luego no fue renovada, según consta en los registros policiales.

El antecedente más cercano ocurrió apenas dos días antes del asesinato. El domingo por la mañana, personal policial acudió al domicilio tras un llamado al 911 por un nuevo conflicto entre la expareja.

El comisario Sergio Montivero, jefe de la comisaría tercera, explicó que cuando los agentes llegaron el hombre ya se había retirado del lugar. Según relató, Mercado manifestó que su expareja había llegado al domicilio con intenciones de agredirla y había provocado destrozos.

En ese momento, la mujer fue invitada a radicar una denuncia formal, aunque según los registros de la dependencia no quedó asentada una presentación posterior. Una fuente policial dijo a este medio que manifestó que ya estaba “cansada de hacer denuncias y que no pase nada”.

Tras el crimen, Sonia Reynoso, madre de la víctima, aseguró que su hija había denunciado reiteradamente a su agresor y que incluso había presentado pruebas de amenazas de muerte. “Yo digo que él fue directamente a matar a mi hija porque el cuchillo es grande, estaba afilado. Le cortó el cuello, le cortó el brazo. Fue una masacre”, afirmó.

Según su relato, Ruarte ya había estado detenido, pero posteriormente recuperó la libertad. “Después él fue preso, pagó una fianza y salió. Y seguía molestando, aun estando con la tobillera la seguía amenazando de muerte”, sostuvo.

La mujer también aseguró que su hija había llevado mensajes con amenazas a la fiscalía. “Ella mostró en fiscalía las amenazas de muerte que tenía y no hicieron nada”, afirmó.

Uno de los datos más impactantes del caso es que los tres hijos de la pareja estaban dentro de la vivienda cuando ocurrió el ataque. Según confirmó la jueza Córdoba, los niños tienen 11, 9 y 3 años y fueron quienes salieron de la casa para pedir ayuda a una vecina.

Actualmente los menores quedaron al cuidado de su abuela, quien pidió a la justicia poder criarlos. “Ahora mis nietos quedaron a mi cargo. Solo le pido a Dios y a la comunidad que oren por mí y por mis nietitos”, expresó Reynoso.

¿Una investigación que recién comienza?

La justicia dispuso la autopsia del cuerpo de la víctima y comenzó a tomar declaraciones a vecinos para reconstruir lo ocurrido durante la madrugada. También se solicitaron informes judiciales y policiales para determinar con precisión qué denuncias existían y qué medidas de protección se habían aplicado.

Mientras avanza la investigación, el caso vuelve a exponer un interrogante que se repite en muchos expedientes de violencia de género: qué ocurre en el recorrido previo, entre denuncias, medidas judiciales y controles, para que un conflicto que ya estaba en conocimiento de las autoridades termine en un femicidio.

En este caso, ese recorrido incluye una exclusión del hogar, una detención por desobediencia, una tobillera electrónica que dejó de funcionar y un nuevo episodio de violencia apenas 48 horas antes del crimen.