En una entrevista cargada de sensibilidad y firmeza, Gustavo Garzón visibilizó la crítica situación que atraviesa el sistema de atención a la discapacidad en Argentina. A partir de la experiencia con sus hijos mellizos de 37 años, quienes tienen síndrome de Down, el actor expuso cómo el ajuste económico del gobierno nacional ha impactado en los eslabones más vulnerables de la cadena: los profesionales, docentes y transportistas que garantizan la calidad de vida de las personas con discapacidad.
Garzón detalló que el congelamiento de haberes está provocando un vaciamiento en los centros de día y las terapias esenciales. Según relató, las instituciones han tenido que achicar horarios de clase y los trabajadores —desde psicólogos hasta fonoaudiólogos— sostienen sus tareas únicamente por vocación o falta de alternativas laborales. “Pagar mal es destratar, es decir: vos no valés nada”, sentenció el actor, subrayando que para sus hijos estos profesionales son pilares de contención que les han “salvado la vida”.
Contradicciones y autogestión familiar
Durante su charla en el programa Vuelta y Media, el protagonista de “Un hombre solo…” cuestionó el argumento oficial de la escasez de fondos. Garzón comparó la austeridad exigida a las familias con el despliegue de seguridad y movilidad presidencial. “Mentira que el Estado no tiene plata, porque uno ve al presidente con cuarenta y dos coches atrás. ¿Por qué no usan la mitad y pagan a la gente lo que le tienen que pagar?”, disparó. Además, advirtió que el incumplimiento de las leyes de discapacidad pone en riesgo la institucionalidad democrática del país.
Ante lo que define como una retirada de la responsabilidad estatal, Garzón explicó que ha tenido que volcar su energía en proyectos de autogestión para asegurar la felicidad de sus hijos. Entre estas iniciativas se encuentran una fábrica de pizzas donde trabajan personas con discapacidad y la escuela dirigida por su hija Tamara. “Si lo que mis hijos necesitan no lo veo, lo invento”, concluyó, dejando en claro que la red de apoyo familiar se ha convertido en el último refugio frente a las políticas de recorte.
