La pregunta ya no es si las redes sociales influyen en la vida de niños y adolescentes, sino hasta dónde deben intervenir los Estados para regular su uso. En distintos países del mundo, la discusión dejó de ser teórica y comenzó a traducirse en leyes concretas que prohíben o limitan el acceso de menores de 15 años a plataformas como Instagram, TikTok, Facebook o X.

El caso más resonante es el de Australia, que se convirtió en el primer país en aplicar una prohibición estricta: menores de 16 años no pueden tener redes sociales, y la responsabilidad de controlar la edad recae directamente sobre las empresas tecnológicas. En Europa, Francia avanza en una ley que prohíbe el uso de redes a menores de 15 años, con el argumento de que “la salud mental de los chicos no está en venta”. Otros países como Dinamarca y regiones de India analizan medidas similares.

Los gobiernos que promueven estas leyes coinciden en varios puntos:

  • El aumento de casos de ansiedad, depresión y baja autoestima en niños y adolescentes.
  • La exposición temprana a contenidos inapropiados, violencia, sexualización o desinformación.
  • El crecimiento del ciberacoso, el grooming y las estafas digitales.
  • El uso excesivo de pantallas, que afecta el sueño, la concentración y la vida social real.

Para muchos especialistas, las redes sociales fueron diseñadas para captar atención y generar dependencia, algo especialmente riesgoso en edades donde el cerebro aún está en desarrollo.

Quienes apoyan la prohibición sostienen que limitar el acceso:

  • Reduce la presión social y la comparación constante.
  • Protege a los menores de riesgos digitales difíciles de controlar.
  • Fomenta más tiempo para actividades educativas, deportivas y familiares.
  • Obliga a las plataformas a asumir mayor responsabilidad.

Pero no todos están de acuerdo. Las principales objeciones apuntan a que:

  • Es difícil controlar la edad real en internet y las prohibiciones pueden ser fácilmente burladas.
  • Las redes también son espacios de socialización, información y expresión.
  • Prohibir sin educar puede empujar a los chicos a entornos digitales menos seguros.
  • Se corre el riesgo de trasladar la responsabilidad del acompañamiento adulto al Estado.

En nuestro país, la discusión recién comienza. Hoy no existe una prohibición legal, aunque sí recomendaciones y debates sobre educación digital, controles parentales y responsabilidad de las plataformas. Sin embargo, el avance de estas leyes en el mundo plantea una pregunta inevitable:
¿Debe el Estado prohibir, regular o educar?

¿Prohibir las redes sociales a menores de 15 años es una medida de protección necesaria o una decisión excesiva?
¿Alcanza con leyes o es clave el rol de las familias, las escuelas y la educación digital?

El tema está sobre la mesa y no tiene una única respuesta.
En El Federal abrimos el debate e invitamos a nuestros lectores a opinar.