A pocos días del fallecimiento del pequeño Simón Amadeo en el Hospital de la Madre y el Niño, el dolor de sus padres se transformó en una carta abierta que conmovió a miles en redes sociales. En medio del duelo más desgarrador, eligieron poner en palabras la ausencia, el amor y también el reclamo de justicia por lo que consideran una pérdida que no debió ocurrir.

El mensaje, dirigido a su hijo, es un testimonio crudo y profundamente humano. “Yo no tendría que estar pidiendo justicia por vos. Tendría que estar en casa, disfrutando tus primeros días”, escribieron, reflejando la dimensión de una vida que recién comenzaba y que ya estaba cargada de sueños, ilusiones y proyectos.

En cada línea se siente el vacío de lo que no fue: las madrugadas sin dormir, los besos en la frente, las primeras miradas compartidas. “Me robaron los momentos, los sueños, las escenas que ya vivían en mi corazón desde antes de que nacieras. Y lo más doloroso: me robaron la vida de mi dulce Simón”, expresaron, en una frase que resume la profundidad de la herida.

La carta también evoca los días en neonatología, atravesados por la esperanza y la angustia. La madre recuerda el pasillo, las otras mujeres amamantando a sus bebés, y el anhelo de poder sostener al suyo en el pecho. “Yo también soñaba con tenerte en mi pecho, protegerte con mi cuerpo y con mi alma”, escribió, dejando al descubierto la frustración de un vínculo que apenas pudo comenzar.

Sin embargo, entre tanto dolor, hay una certeza que se impone: el amor. “Simón Amadeo, sos y vas a ser siempre mi bebé. Te amo más de lo que las palabras pueden decir”, concluye la despedida, firmada simplemente por “mamá y papá”, con un corazón blanco que simboliza la pureza de ese lazo eterno.

Mientras la familia impulsa acciones judiciales para esclarecer las circunstancias del parto y la atención médica recibida, la investigación continúa. Pero más allá de lo legal, la carta deja una marca profunda: la historia de un amor inmenso y de una ausencia imposible de llenar.

El texto completo:

Mi Simón, mi dulce Simón:

Yo no tendría que estar pidiendo justicia por vos.

Tendría que estar en casa, disfrutando tus primeros días, llenándote de besos, mirándote dormir y dándote todo el amor que llevo en mi corazón… ese amor que es tuyo y que va a ser tuyo por siempre.

Si hubieran visto tu carita, mi amor, se habrían enamorado como yo.

Eras perfecto.

Cada vez que caminaba por el pasillo de neo y veía a esas mamás con sus bebitos tomando la tetita, mi corazón se partía en mil. Porque yo también soñaba con eso. Yo también quería ser una de ellas. Quería darte tu tetita, sentirte dormido en mi pecho, que reconozcas mi olor, protegerte con mi cuerpo y con mi alma.

Todo eso me lo robaron.

Me robaron los momentos, los sueños, las escenas que ya vivían en mi corazón desde antes de que nacieras.

Me robaron la vida que imaginé con vos.

Y lo más doloroso: me robaron la vida de mi dulce Simón.

Pero hay algo que nadie, nunca, va a poder robar: el amor inmenso que te tengo.

Simón Amadeo, sos y vas a ser siempre mi bebé.

Te amo más de lo que las palabras pueden decir.

Con todo nuestro amor,

mamá y papá