La reunión que este martes mantuvieron Martín Menem y Ricardo Herrera en el Congreso terminó sin acuerdos concretos y dejó al descubierto una fractura política profunda entre la Casa Rosada y el gobierno de Ricardo Quintela. Detrás de los gestos diplomáticos de “buena predisposición”, el encuentro fue, en los hechos, un fracaso.
Según fuentes de El Federal, lo que se discutió en privado no fue un auxilio financiero inmediato para una provincia en crisis, sino un paquete de condiciones políticas que el oficialismo nacional pretende imponer como moneda de cambio.
Desde el entorno de La Libertad Avanza, el planteo fue claro y directo. Menem puso sobre la mesa dos condiciones centrales:
- Transparencia en el manejo de los fondos públicos, en alusión directa a las denuncias que el espacio libertario viene señalando contra la administración provincial.
- Adhesión al RIGI y adopción de la boleta única de papel, una reforma electoral impulsada a nivel nacional que el oficialismo busca consolidar también en las provincias.
Pero el punto más sensible fue el financiero. Nación dejó en claro que cualquier asistencia será discrecional y sin garantías. “Se puede evaluar un adelanto de coparticipación, pero no se garantiza absolutamente nada”, fue la síntesis que circuló tras el encuentro.
En otras palabras: ayuda posible, pero condicionada y sujeta a decisiones políticas del gobierno nacional.
Del lado riojano, la reacción fue tajante. Lejos de aceptar las condiciones, Herrera transmitió —según fuentes de El Federal— una negativa política de fondo: La Rioja no está dispuesta a negociar en esos términos.
El mensaje interno del peronismo provincial fue mucho más duro que el tono público:
“No recibimos migajas. Martín Menem quiere dar migajas y meter condiciones.”
La definición marca una línea clara: el gobierno de Quintela interpreta la propuesta como un intento de disciplinamiento político en medio de la crisis fiscal.
“La dignidad no se negocia”: la frase que selló la ruptura
La reunión terminó de romperse con una frase que circuló en el entorno del gobernador y que sintetiza la postura oficial:
“La dignidad no se entrega por una rotonda ni 100 metros de asfalto.”
La declaración no solo rechaza la oferta nacional, sino que también traza una diferenciación con otros mandatarios peronistas:
“Eso es para los tibios como Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo y Gustavo Sáenz.”
El mensaje es político y estratégico: La Rioja no seguirá el camino de negociación que otros gobernadores adoptaron con el gobierno de Javier Milei.
El saldo del encuentro es contundente: no hubo acuerdo, no hubo garantías y no hubo acercamiento real.
Menem se mantuvo firme en su esquema de condiciones políticas para habilitar cualquier asistencia. Herrera, en representación de Quintela, rechazó de plano negociar bajo esos términos.
En medio de una provincia en default desde 2024, con alta dependencia de fondos nacionales y niveles de pobreza crecientes, la reunión que podía abrir una vía de solución terminó consolidando el conflicto.
El diálogo sigue abierto en lo formal. Pero, en los hechos, la negociación quedó en punto muerto.
