En medio de tantas noticias atravesadas por la crisis, la violencia y la incertidumbre, una historia llegada desde Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, puso en primer plano otra cara de la Argentina: la de la solidaridad silenciosa, la que aparece cuando una familia ya no sabe de dónde sacar fuerzas y alguien decide tender la mano.
Bastian tiene apenas 8 años y enfrenta desde muy chico un delicado problema de salud. Padece megacolon congénito, una enfermedad intestinal compleja que requiere una intervención quirúrgica especializada. Para eso, deberá viajar junto a su familia a la Ciudad de Buenos Aires y ser atendido en el Hospital Garrahan, donde ya tienen fecha prevista para iniciar el tratamiento.
Pero detrás de la operación aparece otra batalla igual de difícil: cómo afrontar los costos del traslado, la estadía y todo lo que implica permanecer lejos de casa durante semanas —o incluso meses— sin saber con exactitud cuándo podrán volver.
Desesperado por conseguir dinero, Angelo, el papá del nene, tomó una decisión extrema: rifar su auto, un vehículo modelo 1999 que utiliza todos los días y que, según contó, es “todo lo que tiene”.
“La desesperación me llevó a hacer la rifa”, dijo en diálogo con Telenoche. La respuesta de la gente no tardó en llegar. Vecinos, conocidos y personas anónimas comenzaron a comprar números para colaborar con la familia. Entre ellos apareció una persona que adquirió una gran cantidad de rifas y aumentó considerablemente sus chances de ganar. Finalmente, el día del sorteo, ese hombre resultó ganador.
Lo que ocurrió después transformó la campaña solidaria en una historia conmovedora.
“Lo llamé para avisarle y el primer mensaje que me mandó fue: ‘¿Sabés qué, loco? No quiero el auto. Te lo dejo con la condición de que lo vuelvas a rifar por el tema de tu hijo’”, recordó Angelo, todavía sorprendido por el gesto.
El padre de Bastian confesó que ni siquiera conoce personalmente al ganador. Solo sabe que decidió resignar el premio para que la familia pudiera recaudar más dinero y seguir adelante con el tratamiento.
Ahora, el auto volverá a sortearse. La familia continúa vendiendo números mientras intenta organizar el viaje hacia Buenos Aires. El 10 de junio deberán presentarse en el Garrahan para avanzar con la cirugía, aunque todavía desconocen cuánto tiempo deberán quedarse en la ciudad.
“No tengo idea cuánto vamos a necesitar ni cuánto tiempo vamos a estar allá”, admitió Angelo con honestidad. La incertidumbre económica se mezcla con el miedo, la ansiedad y la esperanza de que la operación permita mejorar la calidad de vida de su hijo.
El megacolon congénito es una enfermedad que afecta el funcionamiento normal del intestino grueso debido a la ausencia de determinadas terminaciones nerviosas en el colon. Esto provoca una dilatación severa y dificulta el tránsito intestinal. En muchos casos, el tratamiento requiere cirugías complejas y un largo proceso de recuperación.
En ese contexto, el rol del Hospital Garrahan es fundamental. Allí, la intervención médica será gratuita gracias al sistema de salud pública, algo que la familia remarca con emoción porque, de otra manera, la operación sería imposible de afrontar.
