Una tradición que atraviesa generaciones y sigue vigente en muchos hogares riojanos
En tiempos donde la medicina moderna domina el tratamiento de las enfermedades, algunas prácticas ancestrales continúan vigentes en los pueblos del interior argentino. Una de ellas es el uso de la pata de guanaco para tratar la parálisis facial, una costumbre profundamente arraigada en La Rioja y gran parte del norte del país.
Esta tradición ancestral volvió al recuerdo, por una publicación en las redes sociales que llamó la atencipon a los usuarios, por Eduardo David Arce:
Durante décadas, familias enteras han conservado este singular elemento como un verdadero tesoro. No es extraño escuchar historias de vecinos que recorrieron kilómetros para conseguir una pata de guanaco cuando algún familiar sufría una parálisis facial o lo que popularmente se conoce como “el aire”.
La práctica consiste en frotar las almohadillas de la pata sobre el rostro de la persona afectada, generalmente acompañando el procedimiento con rezos, bendiciones y expresiones de fe. Para muchos pobladores, la curación no depende únicamente del objeto en sí, sino también de la creencia, la esperanza y la energía transmitida durante el ritual.
En numerosos departamentos de La Rioja, especialmente en zonas rurales y pueblos alejados de los grandes centros urbanos, esta tradición sigue viva gracias a la transmisión oral de los mayores. Son los abuelos quienes cuentan cómo la pata de guanaco pasó de mano en mano entre familiares y vecinos, convirtiéndose en un símbolo de solidaridad comunitaria.
Más allá de las explicaciones científicas sobre la recuperación de la parálisis facial, esta práctica representa una parte importante del patrimonio cultural del norte argentino. Es una muestra de cómo las comunidades desarrollaron sus propios conocimientos y formas de enfrentar enfermedades mucho antes de la llegada de los servicios médicos modernos.
La historia de la pata de guanaco también refleja valores que aún perduran: la ayuda mutua, la confianza entre vecinos y el respeto por las enseñanzas de los ancestros. En muchos casos, quienes poseen una de estas patas no la consideran una propiedad personal, sino un bien comunitario destinado a ayudar a quien lo necesite.
En una época marcada por la tecnología y los avances científicos, estas costumbres continúan despertando curiosidad y generando debate. Para algunos se trata de una creencia popular; para otros, de una tradición que ha demostrado su eficacia a lo largo del tiempo. Lo cierto es que la pata de guanaco sigue ocupando un lugar especial en la memoria colectiva de La Rioja y del norte argentino.
Porque más allá de la medicina y las explicaciones racionales, las tradiciones también forman parte de la identidad de los pueblos y de las historias que se transmiten de generación en generación.
