Por Angel Flores

Mientras el Gobierno provincial atribuye el problema a la situación económica nacional, los datos y la realidad social exponen un modelo que durante años no logró generar empleo privado ni oportunidades genuinas para los riojanos.

Las declaraciones del ministro de Desarrollo Social, Alfredo Menem, confirmando el aumento de personas que deambulan y duermen en las calles de la Capital, vuelven a poner sobre la mesa una realidad que ya no puede ocultarse: la pobreza y la exclusión social avanzan en La Rioja.

La apertura de un refugio nocturno en el Polideportivo de Vargas es una medida necesaria para atender una emergencia humanitaria. Sin embargo, también representa un síntoma visible de un problema mucho más profundo que se viene acumulando desde hace décadas.

Desde el Gobierno provincial se insiste en señalar a la crisis económica nacional y a las políticas del presidente Javier Milei como responsables de la situación actual. Sin embargo, la pregunta que muchos ciudadanos se hacen es inevitable: ¿cómo llegó La Rioja a este punto después de más de cuarenta años de gobiernos peronistas en la provincia?

La Rioja figura históricamente entre las provincias con mayor dependencia del empleo público y de los recursos enviados por la Nación. Durante distintos períodos de gobiernos nacionales peronistas, la provincia recibió importantes fondos extracoparticipables, Aportes del Tesoro Nacional (ATN), compensaciones por el punto de coparticipación y otros mecanismos de asistencia financiera.

Sin embargo, esos recursos no lograron transformar la matriz económica provincial ni generar un desarrollo sostenido basado en la inversión privada.

Mientras otras provincias diversificaron sus economías y promovieron parques industriales, turismo, minería, agroindustria o servicios tecnológicos, en La Rioja la principal salida laboral continuó siendo el Estado.

A la falta de empleo genuino se suma una realidad que golpea a miles de familias: los salarios estatales vienen perdiendo poder adquisitivo desde hace años.

Trabajadores provinciales, municipales, docentes y empleados de la salud denuncian periódicamente que los aumentos otorgados por el Gobierno no alcanzan para cubrir el costo de vida.

La consecuencia es visible: más pobreza, más dependencia de programas sociales y una creciente dificultad para que las familias lleguen a fin de mes.

Es indudable que las medidas económicas implementadas por el Gobierno nacional tuvieron impacto en todas las provincias argentinas. Pero también resulta difícil sostener que el crecimiento de la pobreza en La Rioja sea exclusivamente consecuencia de los últimos años.

Los propios funcionarios provinciales reconocen ahora que aumentó la cantidad de personas que buscan refugio para dormir, que deambulan por las calles y que existen numerosos casos vinculados a problemas de salud mental y consumos problemáticos.

La pregunta de fondo es por qué una provincia que durante décadas recibió asistencia económica extraordinaria de distintos gobiernos nacionales no logró construir una estructura productiva capaz de generar empleo y contener socialmente a su población

La situación de las personas en situación de calle merece una respuesta inmediata y solidaria. Pero también exige un debate profundo sobre las causas que llevaron a La Rioja a este escenario.

Reducir toda explicación a la frase “la culpa es de Milei” puede servir como argumento político, pero difícilmente alcance para explicar una problemática que se viene incubando durante décadas de gobiernos peronistas.

La creación de refugios es solo una respuesta a la emergencia. La verdadera solución pasa por generar empleo privado, atraer inversiones, mejorar la competitividad provincial, fortalecer la educación y crear condiciones para que los riojanos puedan acceder a oportunidades laborales genuinas.

Porque cuando una provincia comienza a necesitar cada vez más refugios para personas sin techo, el problema ya no es solamente económico: es el resultado de un modelo que, después de décadas de gestión, todavía tiene una deuda pendiente con gran parte de su población. Un modelo agotado.