El presidente de la Cámara de Diputados afirmó que la Nación está dispuesta a finalizar el gasoducto de Chilecito si la Provincia transfiere la obra, rechazó el reclamo por fondos extras y acusó al gobierno riojano de impedir inversiones. La estrategia anticipa una campaña que buscará nacionalizar la elección provincial de 2027.

La entrevista que Martín Menem concedió durante su visita a La Rioja dejó una señal política que trasciende la agenda provincial. El presidente de la Cámara de Diputados utilizó el reportaje para consolidar un discurso que ya se repite en otros distritos: presentar al gobierno de Javier Milei como garante del equilibrio fiscal y responsabilizar a los gobernadores por los problemas estructurales de sus provincias.

Pero, en el caso riojano, la ofensiva adquiere un componente adicional. Menem ya no se limita a cuestionar la administración de Ricardo Quintela: comienza a construir un relato de reemplazo político para 2027.

Durante más de una hora evitó confirmar cualquier candidatura personal, aunque dejó en claro que La Libertad Avanza competirá para gobernar la provincia. «Vamos a presentar un candidato a gobernador para terminar con la decadencia que atraviesa La Rioja», afirmó, sin mencionar nombres propios. La omisión parece responder a una estrategia deliberada: preservar la discusión nacional mientras el espacio termina de ordenar su oferta electoral.

El gasoducto, la principal novedad política

Entre todas las definiciones, hubo una que sobresalió por su impacto concreto.

Menem aseguró que el Gobierno nacional está dispuesto a financiar la finalización del gasoducto de Chilecito, una obra paralizada desde hace meses, siempre que la Provincia transfiera formalmente el proyecto a la órbita nacional.

La condición no es menor. Representa un cambio en la forma en que la administración Milei pretende intervenir en obras públicas consideradas estratégicas: evitar el envío directo de fondos a gobiernos provinciales y ejecutar los trabajos desde la Nación cuando exista desconfianza sobre la administración de los recursos.

La propuesta también instala un nuevo escenario político. Si la Provincia rechaza la cesión, el oficialismo nacional podrá argumentar que la paralización responde exclusivamente a una decisión del gobierno riojano. Si la acepta, resignará el control de una de las principales obras de infraestructura de la provincia.

La disputa por los recursos

Otro de los ejes fue el rechazo absoluto al histórico reclamo riojano por el punto de coparticipación y los fondos compensatorios.

Menem sostuvo que La Rioja no enfrenta un problema de ingresos sino de administración y utilizó como respaldo la evolución de la coparticipación automática. Según detalló, al 24 de julio de 2026 la provincia había recibido unos $107.000 millones frente a los $79.000 millones registrados en igual fecha del año anterior, cifra que —según su interpretación— supera la inflación interanual.

Sobre esa base, planteó una idea que ya forma parte del discurso libertario: el problema no es cuánto dinero envía la Nación sino cómo se administra en cada jurisdicción.

La respuesta apunta directamente al principal argumento político de Quintela, quien desde el inicio de la gestión Milei sostiene que el ajuste nacional golpea especialmente a La Rioja por la pérdida de transferencias discrecionales.

RIGI, minería y una agenda de competitividad

La entrevista también mostró cuál será uno de los ejes económicos que La Libertad Avanza buscará instalar en la provincia.

Menem volvió a cuestionar la decisión del gobierno riojano de no adherir al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y sostuvo que esa decisión deja a La Rioja en desventaja frente a provincias vecinas como San Juan, Catamarca, Salta o Jujuy.

El argumento forma parte de una construcción política más amplia: mientras el oficialismo provincial presenta al RIGI como un esquema que favorece a grandes empresas sin garantizar beneficios locales, el Gobierno nacional intenta mostrarlo como la llave para atraer inversiones en minería, energía y turismo.

La discusión probablemente se profundice durante los próximos meses, en momentos en que varias provincias buscan captar proyectos vinculados al cobre, el litio y las energías renovables.

Una campaña antes de la campaña

Aunque rechazó hablar de candidaturas, Menem dejó entrever que la estrategia electoral ya comenzó.

Criticó con dureza la estructura política construida por el peronismo riojano durante más de cuatro décadas, cuestionó las SAPEM, insistió en la necesidad de auditar las cuentas públicas, reclamó representación para La Libertad Avanza en el Tribunal de Cuentas y vinculó la emigración de jóvenes con la falta de inversiones privadas.

En paralelo, evitó ingresar en la discusión sobre una eventual fórmula presidencial junto a Javier Milei y concentró todo el mensaje en la reelección del Presidente como prioridad política.

La construcción discursiva coincide con el diseño nacional del oficialismo: transformar cada elección provincial en un plebiscito sobre el modelo económico.

La respuesta que deberá dar Quintela

Las declaraciones de Menem dejan varios desafíos abiertos para el gobierno provincial.

El primero será responder al planteo sobre el gasoducto de Chilecito. La aceptación o rechazo de la cesión de la obra tendrá inevitablemente una lectura política.

El segundo será sostener el reclamo por mayores recursos frente a una Nación que insiste en que la Provincia dispone de fondos suficientes.

Y el tercero será responder a una oposición que ya no centra sus críticas únicamente en la gestión cotidiana, sino que intenta instalar la idea de que La Rioja quedó al margen del nuevo ciclo económico que impulsa el Gobierno nacional.

La entrevista dejó en evidencia que la confrontación entre la Casa Rosada y Ricardo Quintela dejó de girar exclusivamente alrededor de la coparticipación. Ahora incorpora infraestructura, minería, inversiones, control del gasto y transparencia, una agenda que probablemente domine el debate político durante los próximos meses y que anticipa que la campaña hacia 2027 ya empezó, aunque ninguno de sus protagonistas quiera reconocerlo públicamente.