Por Angel Flores
Las pruebas internacionales vuelven a poner a la educación argentina frente al espejo. Y cuando se mira hacia La Rioja, el panorama obliga a hacer una pregunta incómoda: ¿qué está haciendo el Ministerio de Educación provincial para revertir una crisis de aprendizaje que lleva años?
Los resultados de PISA 2025 volvieron a encender una luz roja sobre el sistema educativo argentino. La evaluación internacional confirma que el país continúa enfrentando serias dificultades en competencias fundamentales como Matemática, Lectura y Ciencias. El propio Gobierno nacional calificó la situación como “crítica” y señaló que el retroceso se produce sobre un punto de partida que ya era bajo.
Pero hay algo todavía más preocupante para La Rioja: la provincia ya tiene sus propias señales de alarma y están documentadas en las evaluaciones Aprender.
Y los números no son precisamente para sacar pecho.
La Rioja: apenas 4 de cada 10 alcanzan niveles satisfactorios en Matemática
Los resultados oficiales de Aprender 2023 muestran que solamente el 40,1% de los alumnos riojanos alcanzó los niveles Satisfactorio o Avanzado en Matemática.
Traducido al lenguaje que debería importarles a los funcionarios: casi 6 de cada 10 estudiantes no llegaron a los niveles superiores de desempeño.
Y hay otro dato todavía más incómodo.
En 2021, los alumnos que alcanzaban los niveles Satisfactorio o Avanzado en Matemática representaban el 44%.
Dos años después, el porcentaje cayó al 40,1%.
Es decir, La Rioja retrocedió 3,9 puntos porcentuales.
¿La respuesta del Ministerio de Educación?
La pregunta no es menor.
Porque detrás de ese 40,1% no hay una planilla de Excel. Hay chicos que tienen dificultades para resolver problemas matemáticos, interpretar información, aplicar conocimientos y continuar sus trayectorias educativas en igualdad de condiciones.
En Lengua tampoco hay motivos para festejar
En Lengua, el panorama es algo mejor, pero tampoco permite hablar de éxito.
El 61,3% alcanzó los niveles Satisfactorio o Avanzado en 2023.
Sin embargo, en 2021 ese porcentaje había sido del 66,6%.
Otra vez, La Rioja retrocedió.
5,3 puntos porcentuales menos en apenas dos años.
Entonces aparece una pregunta inevitable:
¿Dónde está la política educativa capaz de sostener los aprendizajes y evitar que los estudiantes pierdan terreno?
El problema no es solamente la pandemia
Durante años, la pandemia apareció como explicación casi automática para justificar el deterioro educativo.
Pero los propios datos muestran que el problema es más profundo.
En Matemática, La Rioja tenía en 2013 un 38,1% de estudiantes en los niveles Satisfactorio y Avanzado. En 2021 había llegado al 44%, pero en 2023 volvió a caer al 40,1%.
La fotografía muestra algo evidente:
no estamos frente a un problema coyuntural. Estamos frente a una dificultad estructural.
Y cuando un problema es estructural, ya no alcanza con discursos, programas, anuncios ni actos oficiales.
Hace falta gestión.
La Rioja aparece entre las jurisdicciones de peor desempeño
El propio informe nacional de Aprender 2023 ubica a La Rioja entre las jurisdicciones con los puntajes más bajos en Matemática, junto con Chaco y Catamarca. En Lengua también aparece por debajo del promedio nacional.
Es difícil entonces aceptar cualquier relato triunfalista.
Porque si una provincia tiene recursos, docentes, escuelas, programas educativos y un Ministerio de Educación dedicado específicamente a conducir el sistema, la pregunta que corresponde formular es sencilla:
¿por qué los resultados siguen siendo tan preocupantes?
¿Quién se hace cargo?
El problema de la educación riojana no puede recaer exclusivamente sobre los docentes.
Sería injusto.
Los maestros y profesores están diariamente frente al aula, muchas veces trabajando en condiciones complejas y con enormes dificultades sociales alrededor de sus estudiantes.
La responsabilidad política de diseñar, ejecutar, evaluar y corregir las políticas educativas corresponde a quienes conducen el sistema.
Por eso el Ministerio de Educación de La Rioja debería dar explicaciones.
No explicaciones burocráticas.
No discursos.
Explicaciones concretas.
¿Qué objetivos de aprendizaje se fijaron?
¿Cuántos se cumplieron?
¿Qué medidas se tomaron después de conocer los resultados de Aprender?
¿Por qué Matemática sigue siendo uno de los grandes agujeros negros del sistema?
¿Qué se está haciendo para recuperar a los estudiantes que quedaron por debajo de los niveles esperados?
¿Se están evaluando realmente las políticas implementadas o simplemente se las anuncia y luego se pasa a la siguiente?
La educación no se arregla maquillando estadísticas
Hay una tentación recurrente en la política: mostrar el dato que conviene y esconder el que incomoda.
Pero las evaluaciones tienen una virtud: obligan a mirar la realidad.
Y la realidad dice que La Rioja tiene problemas serios de aprendizaje.
PISA 2025 vuelve a poner sobre la mesa la crisis educativa argentina. Y Aprender aporta el dato territorial que nadie debería ignorar: en La Rioja, 6 de cada 10 alumnos evaluados no alcanzaron niveles Satisfactorio o Avanzado en Matemática.
Eso debería ser suficiente para que el Ministerio de Educación deje de pensar solamente en la administración del sistema y empiece a rendir cuentas por algo mucho más importante:
qué están aprendiendo los chicos.
Porque una escuela abierta no necesariamente significa una educación de calidad.
Un alumno sentado en un aula tampoco significa que esté aprendiendo.
Y un Ministerio de Educación que puede mostrar edificios, programas y estadísticas administrativas todavía tiene que responder la pregunta fundamental:
¿Está logrando que los chicos aprendan?
Los números oficiales, por ahora, no permiten una respuesta tranquilizadora.
Y frente a semejante evidencia, mirar para otro lado también es una decisión política.
