Mientras el Gobierno de Ricardo Quintela guarda silencio, las fuertes palabras del obispo Dante Braida sobre el avance del narcotráfico y el narcomenudeo tuvieron escasa repercusión en los medios afines al oficialismo. ¿Por qué una advertencia tan contundente sobre uno de los problemas más graves de la provincia quedó fuera del centro de la escena?
La Rioja enfrenta una problemática que preocupa cada vez más: el avance de la droga, el narcotráfico y el narcomenudeo. Sin embargo, una de las advertencias más contundentes sobre esta realidad no llegó a ocupar el lugar que merecía en la agenda pública. El obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida, pronunció una dura homilía frente a la plana mayor de la Policía provincial y unos 700 uniformados, pero sus palabras pasaron prácticamente desapercibidas.
La pregunta resulta inevitable: ¿por qué una homilía que cuestiona con tanta claridad el avance de la droga tuvo tan poca repercusión pública?
La ceremonia se realizó en el Superdomo, durante el acto de declaración de la Virgen del Rosario como patrona y generala de la Policía de La Rioja. El evento estuvo encabezado por el gobernador Ricardo Quintela y la vicegobernadora Teresita Madera. Sin embargo, la discusión sobre el contenido de la homilía de Braida quedó relegada, pese a la gravedad de sus advertencias.
La transcripción de sus palabras tomó estado público a partir de una publicación del diario El Independiente, que reprodujo el contenido difundido por la página web de la diócesis local. Hasta entonces, el mensaje había tenido una visibilidad considerablemente menor que la del acto oficial.
“No alcanza”: el mensaje que interpela al poder político
Braida no se limitó a realizar una reflexión religiosa ni a expresar preocupación por las consecuencias sociales de las adicciones. Fue más allá y reclamó una decisión firme para frenar el acceso a las drogas.
“Nos duele profundamente ver la destrucción de personas y la ruptura de familias provocadas por el avance sostenido del narcotráfico y el narcomenudeo”, sostuvo el obispo
Pero la frase más contundente llegó después: “Sin embargo, esto no alcanza si no hay una decisión firme de poner un límite al fácil acceso de la droga en nuestras calles”.
El mensaje no deja demasiado margen para interpretaciones. Para el titular de la Iglesia riojana, el trabajo de las instituciones que rehabilitan a personas con adicciones es indispensable, pero insuficiente si no existe una respuesta decidida para impedir que las drogas lleguen con facilidad a los barrios y a los jóvenes.
Braida, además, puso el foco en la responsabilidad colectiva de proteger a la sociedad y, particularmente, a las nuevas generaciones.
El obispo también describió una realidad que exige respuestas coordinadas. Habló del avance sostenido del narcotráfico y del narcomenudeo, dos dimensiones de un fenómeno que afecta tanto a las estructuras criminales de mayor escala como a la distribución de drogas en las cercanías de los barrios.
Su advertencia cobra especial relevancia porque no se limitó a señalar las consecuencias de las adicciones. También reclamó medidas concretas para poner límites al acceso a las sustancias.
En ese sentido, insistió en que la Policía debe trabajar junto con escuelas, centros de salud, municipios, iglesias y organizaciones comunitarias. La prevención, remarcó, debe comenzar antes de que el delito se concrete y antes de que más vecinos queden atrapados en las redes del consumo y la comercialización de drogas.
Se trata de un planteo que interpela a todas las instituciones, pero que también obliga a discutir qué políticas públicas se están aplicando, qué resultados están obteniendo y qué falta hacer para enfrentar el problema.
El silencio oficial y la escasa repercusión mediática
Uno de los aspectos que más llaman la atención es la limitada difusión que tuvo el contenido de la homilía frente a la importancia del tema abordado.
Mientras los actos institucionales suelen ocupar espacios destacados en la comunicación oficial, las palabras de Braida sobre el narcotráfico y el fácil acceso a las drogas no tuvieron una repercusión equivalente en la agenda pública.
La escasa visibilidad en medios cercanos al oficialismo alimenta interrogantes sobre el tratamiento informativo de un asunto especialmente sensible para la administración provincial. ¿Se relegó una advertencia incómoda para el poder político o simplemente no se dimensionó la importancia del mensaje?
No existen elementos suficientes para afirmar que haya habido una decisión coordinada de ocultar la homilía. Sin embargo, el contraste entre la relevancia de las declaraciones y su limitada repercusión merece ser examinado.
También resulta llamativo que, hasta donde surge de la información disponible, no se haya conocido una respuesta pública específica del Gobierno provincial a los planteos centrales del obispo.
Una advertencia que exige respuestas
La lucha contra el narcotráfico no puede reducirse a ceremonias, declaraciones protocolares o mensajes institucionales. Requiere prevención, investigación criminal, coordinación entre fuerzas de seguridad y Justicia, atención de las adicciones y políticas públicas sostenidas.
Braida puso sobre la mesa una cuestión central: las tareas de rehabilitación y asistencia, aunque necesarias, no alcanzan si las drogas continúan llegando con facilidad a las calles.
Por eso, su reclamo merece una discusión pública que vaya más allá de las diferencias políticas. Si el narcotráfico y el narcomenudeo avanzan en La Rioja, la sociedad tiene derecho a conocer qué están haciendo las autoridades para enfrentarlos y cuáles son los resultados concretos.
La homilía de Braida dejó una advertencia que no debería quedar relegada al silencio: el problema de la droga exige decisiones firmes, responsabilidades claras y respuestas urgentes.
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