La figura del ministro de Desarrollo, Igualdad e Integración Social de La Rioja, Alfredo Menem, quedó seriamente comprometida tras la difusión de datos oficiales que desnudan una profunda contradicción entre el discurso del Gobierno provincial y la realidad contable. Mientras el funcionario denunció en abril del 2025, un supuesto “abandono total” de la Nación y habló de una deuda superior a los 800 mil millones de pesos, los registros confirman que los fondos nacionales para comedores escolares nunca dejaron de llegar.
Un informe de la consultora Politikon Chaco, basado en transferencias oficiales, revela que La Rioja recibió $2.324 millones exclusivamente para comedores escolares, recursos que ingresaron a las cuentas que administra el propio Menem. A esto se suman más de $15.000 millones en partidas nacionales giradas a la provincia por distintos conceptos durante el mismo período.
Los números chocan de frente con el relato político que el ministro construyó durante meses: el de una provincia supuestamente forzada a crear impuestos extraordinarios para evitar que los chicos se queden sin comer.
El hambre como coartada fiscal
Con la excusa del “abandono” nacional, Menem fue uno de los principales impulsores del gravamen extraordinario a bancos, financieras y grandes empresas, presentado como una medida de emergencia social. El mensaje fue claro y brutal: sin ese impuesto, no había plata para sostener los comedores.
Hoy, esa narrativa se derrumba.
Si la Nación giró más de $2.300 millones para garantizar la alimentación escolar, ¿por qué el ministro insistió en que no había recursos? ¿Por qué se apeló al dramatismo del hambre infantil para justificar una mayor presión impositiva sobre el sector productivo?
Para la oposición, la respuesta es inquietante: la emergencia fue funcional a una maniobra recaudatoria, no a una necesidad real del sistema de comedores.
Una caja millonaria sin explicaciones
La polémica deja a Alfredo Menem en el centro de todas las miradas. Como responsable directo del área social, es quien controla la caja, decide prioridades y rinde —o debería rendir— cuentas. Sin embargo, hasta ahora no explicó de manera clara el destino de los fondos nacionales que sí ingresaron.
El discurso del “abandono total” no resiste el contraste con los datos. Y el silencio oficial frente a esta contradicción alimenta una sospecha cada vez más extendida: se construyó un relato de crisis extrema para tapar el déficit general de la provincia y trasladar el costo a empresas y contribuyentes.
La revelación no solo debilita a Menem, sino que golpea de lleno al corazón del quintelismo. La estrategia de confrontación permanente con el Gobierno nacional empieza a mostrar fisuras cuando los números oficiales desmienten el discurso épico de resistencia.
La pregunta ya no es cuánto debe la Nación a La Rioja. La pregunta incómoda es otra:
¿por qué, con millones de pesos girados para comedores, el ministro Alfredo Menem sostuvo públicamente que no había plata para dar de comer a los chicos?
En política, los relatos pueden sostenerse un tiempo. Los números, no.
