Por Angel Flores
Una publicación tuvo la atención de muchos usuarios de Facebook en La Rioja. El posteo desde la página llamada Hilvanando Historias El Condado, mi lugar en el mundo por Blanca Guerrero, cuenta historias del interior profundo de la provincia y muestra a verdaderos protagonistas entre paisajes increíbles.
La historia fue en las Sierras de Umango, en la provincia de La Rioja. Juan Arancibia, criado en una familia numerosa y serrana, aprendió desde joven la vida del arriero: junto a su padre y su hermano Segundo bajaba al pueblo con mulas cargadas de sal, carne y yuyos medicinales para el trueque por uvas y hortalizas.
Tras el paso del tiempo, Juan quedó aferrado a la montaña, criando ganado en soledad, viviendo en una humilde pirca, con la inmensidad de la planicie como testigo. Sociable y alegre, encontraba descanso en el pueblo entre partidos de fútbol, naipes y risas.
Hoy, ya radicado en Jagüé, su vida es distinta, pero su historia permanece como un homenaje al esfuerzo, la dignidad y la cultura serrana de la precordillera riojana, y a la memoria de su hermano Segundo.
Umango, Vinchina y la precordillera riojana guardan la memoria de hombres que hicieron patria desde el silencio y el trabajo cotidiano.
La historia completa:
Juan Arancibia es hijo de Don Manuel Arancibia y Doña Palmenia Cruz. Su familia, que era numerosa, vivía en las Sierras de Umango, en nuestro departamento. Juan y Segundo acompañaban a su padre en cada viaje a nuestra localidad. Traían varias mulas cargadas con cutamas de sal y reses faenadas para vender y hacer trueque por uvas y hortalizas, ya que carecían de esos elementos. Nos traían yuyos como yerba larca, ajenjo y suico, etc.
Después de que Don Manuel envejeció, sus hijos se hicieron cargo de bajar al pueblo, y el matrimonio con sus hijas se trasladó a Jague, Dpto. Vinchina, donde pasaron sus últimos años. Juan es el que vivió más tiempo en la serranía, criando ganado caprino, ovino y bovino. Era tal la cantidad de animales que desde el alto de las montañas se veía como puntos negros en la inmensidad de la planicie.
Su vida no fue fácil. Su casa era una pirca; allí soportaba las bajas temperaturas de invierno y las altas de verano. No tenía descanso; su piel, cansada por el clima, parecía mayor. La soledad también pesaba.
Él era muy sociable, le gustaba pasar unos días en casa. Después de comercializar las reses que traía, jugaba al fútbol con mis hermanos y vecinos. ¡Cómo se divertían! También hacían unas partidas de naipes con mamá, que era bastante rápida para los números y siempre ella ganaba. Él se divertía. Tenía una risa peculiar.
Hablo en tiempo pasado porque son recuerdos de mi juventud. Ahora Juan vive también en Jague, donde lleva una vida completamente distinta a lo vivido en Umango. Vendió su majada y se radicó allí. Siempre venía a visitar a mamá y a mis hermanos. Se compró un auto y llevaba uvas y frutas, ya no en una chasna sino en su vehículo.
! Vaya este homenaje para él y su hermano Segundo, que se fue muy pronto de esta vida terrenal!
Gracias a Emiliano Faria por las fotos que muestran la belleza de nuestra precordillera, oeste de nuestra provincia.
