La fecha que muchos evitan sigue viva en la tradición popular riojana, donde el miedo, el respeto y la picardía conviven con relatos heredados de generación en generación.
Cada vez que el calendario marca martes 13, en La Rioja se reactiva un viejo ritual colectivo que mezcla superstición, folklore y cultura popular. Aunque los tiempos hayan cambiado, todavía hay quienes prefieren no tentar a la suerte y optan por postergar decisiones importantes, viajes o compromisos.
El dicho es conocido y repetido en todo el país, pero en el interior riojano adquiere un matiz especial: “Martes 13, no te cases ni te embarques”. En pueblos y barrios, la fecha se vive con una mezcla de cautela y humor, donde muchos dicen no creer, pero igual “respetan”.
Las brujas, protagonistas del imaginario popular
Dentro de estas creencias, las llamadas “brujas riojanas” ocupan un lugar central en los relatos orales. Lejos de la imagen cinematográfica, en la tradición local suelen asociarse a mujeres sabias, curanderas o yuyeras, conocedoras de hierbas, rezos y prácticas ancestrales.
Según cuentan los mayores, la noche del martes 13 sería propicia para encuentros secretos en cerros, quebradas o zonas solitarias. Los relatos hablan de sahúmos con ruda, albahaca o romero, rituales de protección y limpieza espiritual, y apariciones transformadas en lechuzas, perros negros o bolas de fuego que cruzan el cielo.
Mito, identidad y respeto
Hoy, estas historias forman parte del patrimonio cultural intangible de La Rioja. Se transmiten en charlas familiares, al calor del mate o alrededor de un fogón, más como identidad que como temor real.
Mientras algunos riojanos se encomiendan, usan amuletos o evitan nombrar ciertas cosas “por las dudas”, otros simplemente se ríen y siguen con su rutina diaria. Pero todos coinciden en algo: el martes 13 no pasa desapercibido.
Porque en La Rioja, como dicen los viejos del lugar:
“No hace falta creer… alcanza con respetar”.
