Por Angel Flores

Publicaciones sin firma, perfiles falsos y ataques coordinados vuelven a encender alarmas en redes sociales riojanas. ¿Militancia espontánea o una estructura organizada para influir en la opinión pública?

En los últimos días, usuarios de redes sociales en La Rioja comenzaron a advertir un fenómeno cada vez más evidente: la aparición de múltiples cuentas anónimas que replican mensajes similares, defienden a un sector político y desacreditan a periodistas, medios y figuras públicas.

Las denuncias vienen de los dos lados de la grieta

No se trata solo de una percepción aislada. A la redacción de El Federal comenzaron a llegar mensajes de lectores alertando sobre este comportamiento.

“Entrás a cualquier publicación crítica y aparecen las mismas cuentas, con los mismos comentarios, como si copiaran y pegaran”, escribió un lector. Otro agregó: “Son perfiles sin nombre, sin fotos reales, pero comentan en todos lados defendiendo idiologías políticas y atacando a cualquiera que opine distinto”.

Incluso algunos usuarios señalaron que estas cuentas actúan de forma coordinada: “Publican todos al mismo tiempo, con las mismas frases. No parece casual”.

El patrón no es nuevo, pero sí cada vez más visible. Perfiles sin identidad clara, publicaciones casi idénticas y una sincronización llamativa en los comentarios forman parte de un esquema que, según especialistas, coincide con el funcionamiento de las llamadas “granjas de bots” o ejércitos digitales.

Este tipo de prácticas no son una teoría conspirativa. Distintos estudios y análisis en Argentina señalan que las campañas de trolls y cuentas automatizadas “distorsionan el juego democrático”, amplificando mensajes, instalando temas y generando climas de opinión artificiales en redes sociales.

Los bots —cuentas automatizadas o falsas— tienen justamente ese objetivo: influir. Pueden simular apoyo masivo, instalar tendencias o incluso atacar de manera sistemática a personas o instituciones. Según investigaciones sobre el tema, estos perfiles actúan de manera coordinada, replicándose entre sí y multiplicando el alcance de determinados mensajes.

En Argentina, el uso de estas herramientas no es nuevo. Informes han detectado miles de cuentas utilizadas para instalar hashtags, amplificar discursos y generar una percepción de respaldo social que no siempre coincide con la realidad. A esto se suma un contexto global donde la desinformación y las operaciones digitales se han convertido en una herramienta política frecuente.

Incluso recientemente, una investigación internacional reveló la existencia de campañas organizadas con contenidos sin firma y cuentas falsas para influir en la opinión pública en el país, lo que demuestra que el fenómeno no es aislado.

En este escenario, lo que ocurre en La Rioja abre interrogantes:
¿Se trata de militancia digital genuina o de una estrategia coordinada?
¿Quién financia o impulsa estos contenidos?
¿Dónde está el límite entre comunicación política y manipulación?

Por ahora, no hay respuestas oficiales ni investigaciones locales que determinen responsabilidades. Pero los indicios —repetición, anonimato y coordinación— coinciden con modelos ya documentados en distintos países.

Mientras tanto, el impacto es concreto: debates distorsionados, ataques personales y una creciente desconfianza en la información que circula en redes.

En tiempos donde la batalla política también se libra en el terreno digital, la pregunta ya no es si estas redes existen, sino quién las maneja y con qué objetivos.