La indignación crece en La Rioja tras el grave siniestro vial protagonizado por Jorge Olima, director general de la Secretaría de la Casa de Gobierno municipal, quien embistió con una camioneta Chevrolet S10 a una motocicleta en la que circulaban Jessica Bravo, de 30 años, y su hijo Amadeo, de apenas un año y medio. Los testimonios de vecinos que presenciaron el hecho contradicen la versión oficial y describen una escena alarmante: aseguran que el funcionario intentó escapar mientras el bebé aún permanecía atrapado debajo del vehículo, que presentaba olor a alcohol y que invocaba vínculos políticos para justificar la situación.
El hecho ocurrió en la esquina de Facundo Quiroga y Güemes. Según testigos, la camioneta circulaba a alta velocidad y realizó una maniobra ilegal al girar de forma cerrada hacia la izquierda, impactando de frente contra la moto. Sin embargo, lo que siguió al choque es lo que hoy genera mayor conmoción.
Iván, vecino del lugar, relató que el conductor no detuvo la marcha tras el impacto. “Seguía acelerando la camioneta para darse a la fuga y varios de los que estaban ahí intentamos y le sacamos la llave”, aseguró. Según su testimonio, fue la intervención de los presentes lo que impidió que el funcionario continuara avanzando mientras las víctimas permanecían debajo del vehículo.
Otra testigo, Ludmila, confirmó la gravedad de la escena: “Literalmente como que la pasó por encima a la moto”, describió. Ambos testimonios coinciden en que el conductor no frenó voluntariamente y que el intento de huida se produjo con el bebé aún atrapado bajo la camioneta.
A esto se suma un elemento que encendió aún más la indignación. Varios vecinos afirmaron que el funcionario se encontraba en un estado confuso, con dificultad para hablar, y que repetía una frase que fue escuchada por múltiples personas: “Yo soy amigo del intendente, esto ya se va a solucionar”. La presunta declaración, de confirmarse, implicaría un intento de invocar protección política en el mismo momento en que un niño permanecía gravemente herido.
La polémica también se centra en el resultado del test de alcoholemia. Mientras los testigos coinciden en haber percibido un fuerte olor a alcohol y una conducta errática, el parte policial consignó 0.0 de alcohol en sangre. La contradicción generó sospechas y cuestionamientos que rápidamente se trasladaron a la opinión pública.
En medio del horror, un detalle agrava aún más la situación: el pequeño Amadeo viajaba correctamente en una sillita para bebés y con casco. Pese a todas las medidas de seguridad, el niño sufrió fractura de cráneo, edema cerebral y la amputación de un dedo. Permanece entubado en terapia intensiva, luchando por su vida.
Imágenes gentileza radio Fenix
Jessica Bravo, su madre, también continúa internada tras ser intervenida quirúrgicamente por una fractura expuesta de peroné.
Con testimonios que hablan de intento de fuga, olor a alcohol, invocación de influencias políticas y contradicciones con el parte oficial, la causa judicial contra el funcionario municipal quedó bajo fuerte escrutinio público. Las cámaras de seguridad de la zona, incluidas las de una estación de servicio cercana, podrían ser claves para reconstruir lo ocurrido.
Mientras la investigación avanza, la indignación social crece. Y en el centro de todo, un dato que conmociona: vecinos aseguran que el funcionario intentó escapar incluso con el bebé todavía atrapado debajo de la camioneta. Una escena que, de confirmarse, podría marcar un punto de quiebre en el caso.
