Con casi 90.000 kilómetros cuadrados, La Rioja posee una extensión territorial comparable a la de Portugal y superior a la de varios países de Europa. Sin embargo, su población apenas supera los 385.000 habitantes.
Cuando se habla de La Rioja, la mayoría de las veces el debate gira en torno a la economía, la política o la falta de oportunidades. Pero existe un dato geográfico que suele pasar desapercibido y que sorprende incluso a quienes viven en la provincia: La Rioja tiene una superficie de 89.680 kilómetros cuadrados, un territorio más grande que varios países europeos.
Para tomar dimensión de esta realidad, basta con comparar sus dimensiones con algunas naciones del Viejo Continente:
- Austria: 83.879 km²
- Irlanda: 70.273 km²
- República Checa: 78.867 km²
- Suiza: 41.285 km²
- Países Bajos: 41.865 km²
- Croacia: 56.594 km²
Incluso, la superficie riojana es apenas inferior a la de Portugal, que cuenta con 92.212 km².
Un territorio enorme, pero con poca población
La diferencia aparece cuando se observa la cantidad de habitantes.
Mientras Portugal supera los 10 millones de habitantes, Austria ronda los 9 millones e Irlanda supera los 5 millones, La Rioja apenas alcanza los 385.000 habitantes, según estimaciones oficiales.
Esto convierte a la provincia en una de las jurisdicciones con menor densidad poblacional del país, pese a contar con una vasta extensión territorial que incluye montañas, valles, llanuras, parques nacionales, reservas naturales y enormes áreas productivas aún sin desarrollar.
El desafío pendiente
La comparación abre un debate inevitable: ¿por qué un territorio con dimensiones similares a las de un país europeo tiene una población tan reducida y un desarrollo económico limitado?
Especialistas señalan que factores como la escasez de infraestructura, la dependencia del empleo estatal, la falta de inversiones sostenidas y la emigración de jóvenes han frenado históricamente el crecimiento demográfico y productivo de la provincia.
La Rioja posee recursos mineros, energéticos, turísticos y agroindustriales que podrían impulsar un desarrollo mucho mayor. Sin embargo, los indicadores económicos y sociales continúan mostrando dificultades estructurales que se arrastran desde hace décadas.
