Una publicación en redes sociales encendió la bronca de los vecinos de la Capital riojana en las últimas horas. El descargo de una mujer, que relató el accidente sufrido por su madre y su hermana al intentar esquivar un enorme pozo en plena avenida, se viralizó rápidamente y reavivó un reclamo que ya es moneda corriente: el crítico estado de las calles.

El mensaje, dirigido directamente al intendente Armando Molina, no deja lugar a interpretaciones. “Esto no es mala suerte, esto es abandono”, escribió la joven, quien además denunció que su madre ya había sufrido días atrás otro accidente similar, con consecuencias aún más graves: una fractura múltiple de clavícula que hoy le impide trabajar.

Pero lo que comenzó como un pedido de ayuda —incluso acompañado de una rifa solidaria para costear un inmovilizador— rápidamente se transformó en una denuncia pública que miles de riojanos hicieron propia. El reclamo es claro: calles destruidas, pozos por doquier y una gestión municipal que, según los vecinos, no da respuestas.

La publicación no solo interpela al jefe comunal, sino que también refleja una realidad cotidiana que se repite en distintos puntos de la ciudad. Circular por la Capital se ha convertido en una maniobra de riesgo constante, donde esquivar baches es parte de la rutina y donde, muchas veces, evitar uno puede derivar en un accidente peor.

“¿Hace falta que haya una tragedia para que reaccionen?”, se pregunta la autora del posteo. La frase, cargada de impotencia, resume el sentimiento de muchos ciudadanos que consideran que la falta de mantenimiento vial ya no es una cuestión menor, sino un problema de seguridad pública.

En este contexto, la crítica hacia la gestión de Armando Molina se intensifica. Vecinos sostienen que los reclamos se acumulan sin solución y que las obras, cuando llegan, son tardías o insuficientes. “No pedimos lujos, pedimos calles en condiciones”, expresa el texto viral, marcando una distancia cada vez mayor entre la dirigencia y la realidad diaria de los ciudadanos.

Mientras tanto, la familia afectada intenta sobrellevar la situación como puede, apelando a la solidaridad en medio de una crisis que, aseguran, podría haberse evitado.

El episodio vuelve a poner sobre la mesa una discusión urgente: el estado de la infraestructura urbana y la responsabilidad de quienes deben garantizar condiciones básicas de circulación.

Porque cuando el abandono se vuelve costumbre, el riesgo deja de ser una posibilidad y pasa a ser una certeza.