Por Angel Flores

Mientras el Gobierno de La Rioja cuestiona la llegada de las antenas de Elon Musk a los establecimientos rurales y reivindica el sistema de ARSAT e Internet Para Todos, Starlink ya tiene más de 700.000 usuarios en Argentina. Una estimación de mercado ubica entre 6.000 y 10.000 las terminales que podrían estar funcionando actualmente en territorio riojano.

La llegada de Starlink a las escuelas rurales volvió a poner a La Rioja en el centro de una discusión que combina tecnología, política y conectividad. El Gobierno nacional acordó con la empresa de Elon Musk un programa para llevar 6.000 kits de internet satelital a escuelas rurales y establecimientos educativos de zonas aisladas de todo el país, con una inversión estimada en alrededor de US$22 millones.

Pero la iniciativa encontró resistencia en La Rioja.

La secretaria de Gestión Educativa, Zoraida Rodríguez, cuestionó la incorporación de Starlink y defendió el esquema provincial basado en ARSAT e Internet Para Todos. Según expresó la funcionaria, alrededor del 80% de las escuelas rurales riojanas ya cuenta con conectividad mediante ese sistema.

El argumento oficial es que la provincia desarrolló una infraestructura propia y que la solución no debería pasar necesariamente por incorporar una empresa privada extranjera al sistema educativo.

Sin embargo, existe otro dato que modifica el escenario: Starlink ya tiene una presencia significativa en Argentina y su expansión también alcanzó a La Rioja.

Según datos difundidos durante 2026, Starlink superó los 700.000 usuarios en Argentina y la compañía proyectaba alcanzar el millón antes de finalizar el año.

A partir de la cantidad de usuarios nacionales, la distribución poblacional y las características geográficas de la provincia —con numerosos parajes rurales, fincas, emprendimientos turísticos y zonas alejadas de las redes terrestres— una estimación de mercado permite ubicar el universo riojano aproximadamente entre 6.000 y 10.000 terminales activas.

No se trata de un dato oficial de Starlink ni del Gobierno provincial, sino de una aproximación que debería ser presentada como tal.

El número resulta significativo porque muestra que la discusión ya no gira alrededor de una tecnología desconocida o experimental. Starlink ya está siendo utilizado por miles de personas y emprendimientos en la provincia.

La discusión adquiere otra dimensión cuando se observa quiénes utilizan actualmente el servicio.

Entre los usuarios riojanos de Starlink hay particulares, productores, empresas y emprendimientos ubicados en zonas donde las alternativas tradicionales presentan dificultades de cobertura.

También existen casos de personas vinculadas a la administración pública que cuentan con el servicio, varios, funcionarios del gobierno

Esto abre una pregunta política y tecnológica: si Starlink puede ser una herramienta útil para resolver problemas de conectividad de particulares, empresas e incluso funcionarios, ¿por qué debería descartarse automáticamente cuando se trata de una escuela ubicada en un paraje rural?

La respuesta del Gobierno provincial es que La Rioja no parte de cero y que cuenta con una infraestructura pública propia. Desde esa perspectiva, el debate no es solamente sobre velocidad de internet, sino también sobre el modelo de conectividad que la provincia pretende sostener.

El acuerdo nacional contempla justamente establecimientos educativos que tienen conectividad deficiente o directamente no cuentan con un servicio adecuado. La propuesta busca utilizar la tecnología satelital para llegar a lugares donde desplegar infraestructura terrestre resulta más complejo.

Y allí aparece la cuestión central para las comunidades rurales.

Para una escuela ubicada a cientos de kilómetros de la capital provincial, el debate entre fibra óptica, ARSAT, Internet Para Todos o Starlink puede resultar secundario frente a una necesidad concreta: tener una conexión estable que permita a docentes y alumnos acceder a contenidos educativos, realizar trámites, comunicarse y utilizar herramientas digitales.

La discusión, por lo tanto, podría plantearse en términos menos ideológicos y más prácticos: qué tecnología permite garantizar conectividad efectiva, sostenible y de calidad en cada lugar.

Mientras el Gobierno de La Rioja reivindica el sistema público existente y cuestiona el desembarco de Starlink en las escuelas rurales, el servicio de Elon Musk continúa creciendo en el país y ya forma parte de la vida cotidiana de miles de argentinos.

Y en La Rioja, aunque no existe un registro oficial público, las estimaciones indican que podrían existir entre 6.000 y 10.000 terminales funcionando.

La pregunta que queda planteada es inevitable: si la tecnología ya es utilizada por miles de riojanos, ¿por qué no podría utilizarse también allí donde una escuela rural necesita conectividad y las alternativas disponibles no alcanzan?