Acorralado por la investigación periodística de EL FEDERAL ONILNE sobre los $2.000 millones anuales que retiene compulsivamente en las facturas de EDELaR, el intendente de Chilecito rompió el silencio. No mostró los balances oficiales que su bloque cajonea en el Concejo Deliberante, pero minimizó el cobro a las familias asegurando que pagar la tasa municipal “es una locura de miseria”. La desconexión total con los usuarios que no llegan a fin de mes.

Hay declaraciones que explican una gestión entera. En medio del escándalo por la recaudación paralela que la Municipalidad de Chilecito montó a través de las facturas de energía eléctrica, el intendente Rodrigo Brizuela y Doria decidió dar la cara en una entrevista radial transmitida por CNC Multimedios y FM Pucará. Pero lejos de transparentar los números oficiales o mostrar un ápice de empatía con el bolsillo de los contribuyentes, dejó una frase que cayó como un baldazo de agua fría en toda la comunidad: aseguró que lo que el Municipio les cobra a los vecinos en la boleta de luz “es una miseria”.

El jefe comunal acusó el impacto directo de la investigación que destapó la existencia de una caja de entre $150 y $200 millones mensuales generada a partir de la reactivación de una tasa del 15% sobre el consumo eléctrico y la imposición de una Monotasa fija de $3.000.

Lejos de desmentir los datos que circulan en la provincia, Brizuela y Doria reconoció haber leído las notas de EL FEDERAL ONLINE. Su reacción inicial buscó mostrar solvencia: “Me encanta, me encanta porque es una posibilidad de decirle a la gente qué estamos haciendo con la plata”, arrancó. Sin embargo, segundos después, desbarrancó por completo al intentar justificar la carga tributaria que ahoga a miles de hogares chileciteños.

Sin ponerse colorado, el intendente descalificó el reclamo social que se multiplica en los barrios y en las oficinas de EDELaR: “Es una miseria lo que está cobrando el Gobierno Municipal para poder hacer servicios de recolección”, disparó al aire sin titubear.

Para Brizuela y Doria, el dinero que se descuenta religiosamente cada mes es insignificante. Pero para los miles de trabajadores informales, jubilados y familias que ven peligrar la continuidad del servicio eléctrico en sus casas, la cuenta es dramáticamente distinta.

Lo que el intendente califica despectivamente como “miseria” no es un aporte voluntario: es un cobro compulsivo que nadie puede esquivar. Quien no abona la tasa municipal atada a la boleta de luz, sufre el corte del suministro eléctrico en su vivienda.

Además, en su intento de defensa, el jefe comunal apeló a una trampa discursiva habitual: habló únicamente de los $3.000 fijos de la recolección domiciliaria y esquivó profundizar sobre el verdadero peso del tarifazo municipal, que es el 15% pleno sobre la energía consumida. Una alícuota que, en facturas domiciliarias o comerciales medias, ya representa recargos de $24.000 y $26.000 pesos adicionales que van a parar directo a la cuenta municipal.

Al ser consultado por el mecanismo implementado, Brizuela y Doria volvió a desempolvar el argumento formal que el oficialismo viene repitiendo para eludir responsabilidades: “Y que también se cobra alumbrado público, que no lo inventé yo, que eso es de una ordenanza del año 2010 y que por supuesto que la gente tiene que pagar todo lo que es el alumbrado público”, argumentó.

El intendente omitió decir la verdad completa. Sí, la ordenanza general estaba archivada en el Código Tributario desde 2010, pero cuando asumió no se aplicaba. Hasta agosto de 2024, tal como lo prueban las boletas históricas de EDELaR, los chileciteños pagaban cifras testimoniales de $200 o $260.

En la entrevista, cuando el periodista le consultó puntualmente por qué el Municipio y sus concejales aliados mantienen un cerrojo y se niegan a informar en el Concejo Deliberante cuánto dinero exacto ingresa por mes, Brizuela y Doria apeló al manual de la distracción: habló del combustible que gasta la comuna ($8 millones por semana), cuestionó al FMI, habló de Caputo y criticó los viajes de Javier Milei. Cualquier tema sirvió para no poner sobre la mesa la liquidación oficial de EDELaR.

Decirle “miseria” a una tasa que le saca miles de pesos del bolsillo a vecinos que viven con salarios depreciados no solo expone una alarmante falta de sensibilidad social; desnuda la soberbia de un poder político que se acostumbró a recaudar sin rendir cuentas.

[INVESTIGACIÓN] La caja oculta de Chilecito: cómo el intendente Rodrigo Brizuela montó un esquema recaudatorio multimillonario a espaldas de los vecinos