Raúl “Picudo” Carrizo volvió a quedar en el centro de la polémica tras protagonizar un accidente de tránsito en pleno centro de la ciudad de La Rioja. El exdiputado provincial chocó la camioneta que conducía contra un árbol sobre avenida Joaquín V. González y, según consta en las actuaciones policiales, se negó a realizar el test de alcoholemia, una conducta que la legislación provincial equipara a la infracción más grave prevista en materia de alcohol al volante.
De acuerdo con fuentes policiales, Carrizo debió afrontar la sanción máxima contemplada por la normativa vigente, cuyo monto ronda actualmente los 1,6 millones de pesos. Además, la camioneta fue secuestrada y quedó retenida hasta el cumplimiento de los trámites administrativos correspondientes.
El episodio reabre un debate que en La Rioja parece repetirse cada vez que un dirigente político protagoniza un hecho de estas características: ¿alcanza con pagar una multa cuando la conducta puso en riesgo a terceros? Aunque afortunadamente no hubo heridos, el choque ocurrió en una de las zonas más transitadas de la Capital y podría haber terminado en una tragedia.
La negativa a someterse al control de alcoholemia no es un detalle menor. La ley contempla esa actitud como una falta gravísima porque impide determinar en qué condiciones conducía el infractor. En términos prácticos, quien se niega al test recibe la misma sanción que quien registra la graduación alcohólica más alta prevista por la normativa.
Más allá de las explicaciones oficiales sobre el procedimiento policial, el caso vuelve a poner bajo la lupa el comportamiento de quienes ocupan o han ocupado cargos públicos. La sociedad exige ejemplaridad y responsabilidad, especialmente cuando se trata de normas que buscan prevenir accidentes y salvar vidas.
Carrizo, quien ya protagonizó diversas controversias públicas a lo largo de su trayectoria política, suma ahora un nuevo capítulo a una historia marcada por los escándalos. Esta vez, la discusión no gira únicamente en torno al accidente, sino al mensaje que deja un dirigente que, frente a un control de alcoholemia, optó por no someterse a la prueba y terminó pagando la multa más alta que prevé la legislación riojana.
