Son datos oficiales de Migraciones. En 2021, más de 26 mil argentinos declararon irse por “mudanza”. Pero podrían ser muchos más si se suman los 130.000 que se fueron por “trabajo” o “estudio”. Inestabilidad económica, inseguridad y falta de futuro, entre las principales causas.

Se van del país 100 personas por día. Cada 24 horas, Ezeiza se llena de familiares que despiden a un ser querido que busca en otro lado una vida distinta a la que puede ofrecer la Argentina. En los primeros nueve meses de 2021, más de 26.000 ciudadanos tomaron otros rumbos según datos oficiales de la Dirección Nacional de Migraciones a los que accedió Clarín.

Las cifras indican que entre el 1° de enero y el 29 de septiembre cruzaron la frontera hacia el exterior 653.631 personas. De ese total, el 57% declaró que lo hizo por «turismo», el 18% porque tiene residencia en el exterior, otro 18% adujo razones laborales, un 4% dijo que lo hizo por «mudanza» y un 3% por estudio.

Representatives of tour operator TUI provide information to British tourists at the airport in Palma de Mallorca on July 27, 2020. Tour operator TUI has cancelled all British holidays to mainland Spain from today until August 9, after the UK government’s decision to require travellers returning from the country to quarantine. / AFP / JAIME REINA

El 4% del ítem «mudanza» son los que oficialmente se fueron a vivir a otro país. Son 26.145 personas, que equivalen a 96 cada 24 horas si se los divide por los 272 días de 2021 hasta el 29 de septiembre. Pero se estima que la cifra real de los que emigraron es mayor.

«Es casi seguro que un porcentaje de los que se trasladaron por trabajo y estudio lo hayan hecho para instalarse en el nuevo destino y no volver. Es sentido común dada la situación económica y social por la que atraviesa Argentina», afirma Lelio Mármora, director del Instituto de Políticas Migratorias y Asilo (IPMA) y titular de la Maestría en Políticas y Gestión de Migraciones Internacionales de la Universidad  de Tres de Febrero.

El 18% que declaró irse por razones laborales equivale a 112.427 personas. Y el 3% que dijo hacerlo para estudiar, a 18.737. Por eso no es una cuestión menor la que apunta Mármora. A la vez, se sabe, que muchos de los que marcan el casillero «turismo» cuando salen del país viajan con la intención de instalarse en destinos como Estados Unidos o Europa con visa de turista.

Todo esto se da en el contexto de un 2021 atravesado por las restricciones aéreas y terrestres implementadas por el Gobierno nacional a raíz de la pandemia del coronavirus.

Con muchos años de experiencia en la docencia y en la gestión pública, ya que fue director de Migraciones y también del Indec en tiempos de Néstor Kirchner (de donde se fue por diferencias de criterio), Mármora está sorprendido «por la cantidad de jóvenes que se ha ido y se está yendo en un año tan complejo, muchas veces sacrificando cierto confort y, en otros casos, aceptando trabajos de menor valía que los que podrían tener en la Argentina. ¿A qué se debe el éxodo? El principal motivo es el desconcierto general y la falta de perspectivas a futuro que ofrece el país».

De 80 años, Mármora hace hincapié «en la zozobra política y en la incertidumbre económica y social, sumada a la inseguridad personal y a la desesperanza por la falta de un futuro. Hoy la Argentina es de una inseguridad estructural en todo sentido,​ por eso no sorprende esos 100 ciudadanos que, en promedio, dejan el país cada día. Es tan doloroso como real, pero no se puede vivir con semejante nivel de imprevisibilidad, situación que lleva a tomar una decisión extrema».

Según los datos oficiales de Migraciones, los destinos por los que salieron del país por todo concepto este año son: Estados Unidos (153.253 personas), Chile (100.105), España (77.412), Uruguay (63.924) y en el quinto lugar asoma Paraguay, donde se produce un salto, ya que allí viajaron «sólo» 36.206. «Es llamativo también cómo se dio vuelta la tortilla, ya que a la Argentina venían los vecinos de la región, movimiento que se revirtió y hoy son más los argentinos que se van a los países limítrofes», analiza Mármora.

Alieto Guadagni, miembro de la Academia Nacional de Educación, afirma que «en los últimos diez años, en América Latina, progresaron todos los países menos dos: Venezuela y la Argentina. En esa década, el nivel de vida de los argentinos disminuyó un 16% (y el de Venezuela, 74%). Ningún otro país cayó de esta manera, con lo cual no es extraño que los países con más emigración en la región sean Venezuela y Argentina. Y no sorprende que un país que dejó de crecer, con 21 millones de pobres, también aumente la emigración. Ojo, Argentina no es un país pobre, sino empobrecido«.

En primera persona

Hace un año y medio que Pablo Sebastián Palacios (34) vive en Alemania, adonde viajó con un plan previo y un objetivo definido: ejercer como enfermero y tener una mejor calidad de vida para él, su mujer Yessica Godoy (30), también enfermera, y para Sofía (3), la hija de ambos. Había que hacer un gran sacrificio al principio que no cualquiera está en condiciones de realizar. «Viajé solo y tenía que estar entre seis y ocho meses ajustando el idioma y trabajando como auxiliar de enfermero en una clínica hasta saltar de categoría y ahí sí reencontrarme con mi familia. Ufff, costó pero lo logramos».

Salteño, pero vecino de Morón durante doce años, Palacios tenía tres trabajos mientras vivía en Buenos Aires: enfermero en el Hospital Posadas, docente en la Escuela de Enfermería de La Matanza y ejercía 24 horas semanales en el Penal de Marcos Paz. «Había momentos que era tan enloquecedor el horario en uno y otro lugar que no sabía para dónde tenía que ir, necesitaba un GPS mental», dice entre risas desde Düren, la ciudad donde vive, que limita con Holanda y Bélgica.

Navegando por Internet se cruzó con un anuncio que decía «se buscan licenciados en enfermería con experiencia, menores de 40 años, para trabajar en Alemania». Se quedó un instante perplejo Palacios, que tomó nota y esperó dos días antes de accionar. Quería procesar la idea y averiguar de qué se trataba. «Me contacté con la firma, les interesó mi perfil y pidieron entrevistarme. Fui sin decir nada en mi casa ni a mis contactos, pero me di cuenta de que era muy serio y con los plazos muy definidos. Me pidieron otra entrevista y esta vez sí se lo comenté a mi mujer así como al pasar, de manera desinteresada».

«¿Sabés? Hay una propuesta de trabajo en Alemania, pero no la voy a aceptar», le compartió a Yessica, su mujer, tanteándola. «¿Qué? ¿En Alemania? ¿Cómo que no la vas a aceptar? ¡Estás loco!». Y ahí empezó a elucubrar la firme posibilidad de la partida. «Tenía que rendir una serie de exámenes en alemán y para eso debía hacer un curso intensivo, por lo que no lo dudé y dejé uno de los trabajos para tener tiempo de estudiar«, repasa Palacios desde su casa de 120 metros cuadrados, con jardín y una sonrisa de par en par.

Pablo Sebastián Palacios (34) en el reencuentro con su esposa Yessica Godoy (30) y su hija Sofía (3) en el Aeropuerto de Frankfurt, Alemania.

Pablo Sebastián Palacios (34) en el reencuentro con su esposa Yessica Godoy (30) y su hija Sofía (3) en el Aeropuerto de Frankfurt, Alemania.

¿Por qué emigrar? «Porque ya no queríamos más esta vida sólo de esfuerzo, mala sangre y nada de gratificación, viviendo en una casa en una zona caliente, con cerco y portón electrificados y con temor al chumbo en la cabeza. Cuando fui papá hice un click. ¿Quiero esta vida para mi hija? Yo laburaba de día y de noche, y me alcanzaba hasta ahí. Lo hablamos en familia, priorizamos el futuro personal y educativo de Sofía y pusimos en marcha el plan. Tuve una tercera y última entrevista, les interesó mi perfil y me puse a estudiar duro y parejo».

En abril pasado Yessica y Sofía, después de casi un año de espera pudieron viajar a Alemania y reencontrarse con Pablo. «Recuerdo cuando me despedí de la gordita, la madrugada que me fui para Ezeiza, estaba dormidita, era mini, tenía un año y medio… y me encontré con una señorita que al principio le costó reconocerme a pesar de que hacíamos camarita todos los días. Pero no es lo mismo. El día que las fui a buscar al aeropuerto, Sofi vino a mi encuentro, se frenó y se me quedó mirando y yo esperando un abrazo que se hizo desear«.

«Si bien fue durísimo el tiempo sin verlas, la ventaja fue que pude establecerme en el trabajo en el hospital de la ciudad, lograr más fluidez con el idioma y alquilar una casa amplia. O sea que cuando ellas llegaron yo ya estaba instalado. Hoy Sofia va a un jardín de infantes y está súper adaptada y Yessica está a full con el alemán, y está expectante en conseguir un trabajo como enfermera».

En 18 meses la vida de Pablo y su familia dio un vuelco radical. Trabaja 7 horas por día, tiene dos francos semanales y a veces tres, un mes de vacaciones por año, gana 3.000 euros al mes y va en bicicleta –diez minutos desde su casa– hasta la clínica donde trabaja, cuando antes tenía una hora y media promedio desde su casa a los distintos empleos. «Nos cambió la vida, hoy tenemos sueños, objetivos posibles, como mudarnos a Berlín, adonde estuvimos hace unas semanas y nos fascinó. Acá funciona la meritocracia».

Oleada in-crescendo

La consultora Taquión Research Strategy hizo un relevamiento sobre 2.500 casos a nivel nacional cuyo tema de análisis era «el futuro». El estudio, que data de junio, arrojó como resultado que 6 de cada 10 argentinos se irían del país si pudieran hacerlo. A la hora de consultarlos sobre qué sienten de cara a lo que se viene, el 70,7% es pesimista: 49,5% expresó preocupación, el 11,3 miedo y el 9,9 desconfianza, aspectos que se centran «en la falta de oportunidades de desarrollo, acceso al trabajo y temor por la inseguridad».

En el mismo trabajo de Taquión se remarca que el 82 por ciento de los jóvenes de 25 años desea irse y el 72% de la franja que va de 26 a 38 años no ve su futuro en el país. No deja de sorprender que, también, lo quiera hacer el 57% de los que tienen 39 a 55 años y el 40 por ciento de los «baby boomers», aquellos que están arriba de los 56 años.

Clarín