[REDACCIÓN EL FEDERAL] La ola de amenazas en escuelas de La Rioja dejó de ser un hecho aislado y comenzó a mostrar consecuencias concretas dentro y fuera del aula: miedo, controles policiales, revisión de mochilas y padres que optan por no enviar a sus hijos a clases.

En las últimas horas, se conoció un nuevo episodio en el turno tarde del Colegio N°1, donde —según pudo saber este medio a partir de fuentes docentes— se escribió en un pizarrón una amenaza de bomba y tiroteo durante el cuarto módulo.

El hecho fue viralizado por los propios alumnos y motivó la intervención del Ministerio de Educación y de la Policía, que acudió al establecimiento para realizar tareas de prevención e investigación.

El impacto no tardó en sentirse. Docentes señalaron que la asistencia cayó notablemente y que muchas familias decidieron no enviar a sus hijos por temor.

“Hoy estamos con muy pocos alumnos por el miedo de los padres. Los docentes también tenemos temor de lo que pueda suceder”, explicó una profesora de la institución.

La preocupación atraviesa a toda la comunidad educativa, en un contexto donde las amenazas se repiten en distintos establecimientos y obligan a sostener medidas excepcionales.

El caso se suma a lo ocurrido en la EPET N°1, donde días atrás apareció un mensaje intimidatorio en un baño que advertía sobre un tiroteo.

A partir de ese episodio, se activaron protocolos de seguridad que incluyeron custodia policial en los accesos, comunicación con las familias y revisión de mochilas de los estudiantes.

Según explicó la rectora María Elena Portales en declaraciones a Radio Fénix, la medida fue preventiva en un contexto de alta tensión: “Fue un momento de mucha preocupación, pero gracias a Dios no pasó a mayores”.

Situaciones similares se replicaron en otras instituciones, como el Polivalente de Arte de Chilecito, donde también se detectaron mensajes intimidatorios y se reforzaron los controles (Radio Fénix), y en establecimientos de San Blas de los Sauces y Capital, según informó Nueva Rioja.

De acuerdo a Nueva Rioja, lo que comenzó como mensajes aislados ya derivó en una escena inédita en varias escuelas: policía en las puertas, protocolos activados y comunidades en alerta.

En paralelo, desde el Ministerio de Educación reconocen la complejidad del fenómeno y apuntan a un trabajo conjunto con las familias.

La secretaria de Gestión Educativa, Zoraida Rodríguez, señaló que la escuela “no puede sola” y remarcó la necesidad de controlar el uso de redes sociales, en medio de la hipótesis de un posible “reto viral” detrás de las amenazas.

Sin embargo, en el terreno cotidiano, docentes advierten sobre dificultades concretas para aplicar medidas de control.

“Vos querés revisar una mochila y a los dos minutos tenés al padre reclamando”, explicó una profesora, al describir las tensiones que se generan entre la necesidad de prevenir y los límites dentro del ámbito escolar.

La situación expone un problema de fondo: la falta de herramientas claras y consensos para actuar frente a este tipo de episodios.

Mientras continúan las investigaciones para identificar a los responsables, las amenazas —aunque no se concreten— ya alteraron la normalidad escolar en la provincia.

Menor asistencia, controles inéditos y comunidades en alerta reflejan un escenario que crece día a día.

El desafío ahora es claro: cómo garantizar la seguridad sin profundizar el miedo, en un sistema educativo que enfrenta una problemática nueva y en expansión.