En pleno siglo XXI, donde la educación depende cada vez más de la tecnología, tres niños de la zona rural del departamento Chepes deben caminar kilómetros entre piedras para poder hacer la tarea. No es una escena de otra época: ocurre hoy, en la cuesta de La Calera, donde Giovanni, Bianca y Miqueas buscan algo tan básico como señal de Internet.
Los chicos viven en una humilde casa en La Batea, a unos 17 kilómetros al norte de Chepes. Allí no hay conectividad. No hay Wi-Fi, no hay datos móviles estables, no hay acceso a plataformas educativas. Lo único que hay es la obligación de caminar cinco kilómetros hasta una zona donde, con suerte, aparece una señal débil que les permite cumplir con las tareas escolares.
La escena duele: cuadernos apoyados sobre piedras, celulares levantados al cielo buscando señal, frío en invierno, calor extremo en verano. Todo para no quedar afuera del sistema educativo.
Eugenia, tía de los chicos, contó al medio local que esta no es una historia nueva en la familia. El hermano mayor de los niños, fallecido trágicamente en un accidente de tránsito, también viajaba todos los días en moto hasta La Calera para conectarse. La historia se repite, pero ahora son tres chicos los que cargan con esa misma necesidad.
Mientras tanto, desde el Gobierno provincial y municipal se habla desde hace años de inclusión digital, igualdad de oportunidades y reducción de la brecha educativa entre zonas rurales y urbanas. Los discursos abundan. Las promesas también. Pero en La Batea la señal sigue sin llegar.
La realidad expone una contradicción difícil de justificar: se implementan plataformas digitales, tareas virtuales y contenidos online, pero no se garantiza lo más básico para que todos puedan acceder. La educación digital sin conectividad real termina siendo una forma silenciosa de exclusión.
Estos tres chicos no piden computadoras nuevas, ni tablets, ni programas sofisticados. Piden algo mucho más simple: Internet en su casa. Piden poder estudiar sin caminar kilómetros. Piden igualdad.
Porque cuando un alumno debe subir una cuesta para encontrar señal, ya no se trata de conectividad. Se trata de abandono. Y cuando esa situación se repite durante años, la brecha educativa deja de ser una estadística y se convierte en una injusticia cotidiana.
Con información de El Cronista de Chepes
